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Desde Nueva York

¿Estará Will Smith como Hancock buscando desesperada e inútilmente una entrada para el Juego de Estrellas? Todo es posible en Nueva York. Smith, que en la insólita película mueve montañas, atraviesa paredes, levanta vehículos, no puede ser utilizado como relevista pese a poder obtener en asunto de minutos el voto de los fanáticos, porque los managers escogen los lanzadores, pero podría aparecer imprevistamente en escena con la atrapada monumental o el batazo oportuno.

¡Nah! El show de mañana no ira tan lejos como eso. No lo necesita.

Ahí estará Josh Hamilton, ese nuevo volcán en erupción; Alex Rodríguez tratando de elevarse sobre los posibles abucheos de su esposa; la nueva sensación detrás del plato como es el boricua de 25 años Geovany Soto; ese Picasso del bateo que es Ichiro Suzuki; el súper-short Derek Jeter, fabricando magia; la combinación formada por dos superastros en pleno crecimiento como Hanley Ramírez y Chase Uttley; la fiereza de un doberman bien graficada por David Ortiz; el superbateador desaliñado y con zapatos rotos como es Manny Ramírez; el fino enderezador de curvas y cortador de rectas, Chipper Jones; Lance Berkman, Joe Mauer, Youkilis, Pedroia y resto de gente que forma parte del Circo del Sol, en una más de las Mil y una Noches.

Es la despedida del Yanqui Stadium, un parque que llegamos a pensar veríamos por siempre, y posiblemente, cierre sus puertas abiertas en 1923, en la época de grandeza de Babe Ruth, llorando por estos Yanquis tan costosos y tan decepcionantes.

Hoy estaremos almorzando en el Waldorf Astoria, símbolo de la realeza en esta ciudad que muchos consideran la capital del mundo. Fue en uno de los salones de ese Hotel, que Al Pacino ciego, bailó aquel inolvidable tango en la película Perfume de Mujer.

Más tarde hay, como en los oscares, un show en la alfombra roja colocada en el Parque Bryant de la famosa calle 42, que es como la columna vertebral de la ciudad, y después, salir desde el Grand Hyatt rumbo al Estadio para el Derby de Jonrones.

Las credenciales son tan grandes que nos harán aparecer como esos anunciadores que poblaban las aceras en los años 30 y 40, y en los bolsos de souvenirs se encuentran algunas de las bolas bateadas por Ted Williams en estos clásicos.

Hay que hacer una parada obligatoria en el nuevo Yanqui Stadium. Los trabajos van volando. Yo estuve por aquí en enero, debajo de una lluvia de cubitos de hielo, y el avance es espectacular.

Será la misma parada del metro, la que queda en 161 street y East Drive, en la separación de Bronx y Manhatan. Una calle separa los dos parques, pero no la pasión por los Yanquis.