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¡Que pena! Cuando Lee Richmond, del Worcester, y John Ward, del Providence, lanzaron los primeros Juegos Perfectos en la historia del béisbol, contra Cleveland y Búfalo, los días 12 y 17 de junio de 1880, sólo se percataron que habían hecho un gran trabajo, nada para el Museo. Un par de palmadas en la espalda y ¡Bravo muchachos!
Los cronistas de la época concentraron sus elogios en los bateadores que produjeron las carreras, un apoyo que, a lo largo de 9 entradas, no tuvo Harvey Haddix en 1959, ni Pedro Martínez en 1995. Así que, no se armó ningún alboroto alrededor de dos pitcheos de 27 outs consecutivos.


TENÍA QUE SER
El primer Juego Perfecto de la era moderna lo logró Cy Young, el flamante artífice de 511 victorias en una trayectoria que, al mostrar sus cifras globales, ha obligado a los incrédulos a golpear las paredes con sus cabezas, intentando resistirse a considerar como real, algo fantasioso.

Young derrotó 3-0 a los Atléticos de Filadelfia desde la colina de los Medias Rojas de Boston, el 5 de mayo de 1904. Después de su primer no hitter en 1897, el tirador derecho, construido con el mejor granito y fortalecido con suficiente hierro, lanzó una temporada más con Cleveland y dos con San Luis en la Liga Nacional, antes de saltar en 1901 a los Medias Rojas de Boston, en la Americana.

Ese día del mes de mayo de 1904, el derecho Young enfrentó al “as” de los Atléticos, Rube Wadell, a lo largo de una hora y 25 minutos, en un duelo presenciado por 10 mil 267 aficionados. Después de 5 entradas, la pizarra estaba 0-0; pero en el cierre del sexto, Boston tomó ventaja 1 por 0, y con dos más en el séptimo selló el 3-0.

Young, el pitcher que fue hacia la inmortalidad a galope tendido, ponchó a 8 adversarios en ruta a la proeza.

Apunten este dato: Young trabajó dos innings sin hit en una emergencia contra los Atléticos, el 25 de abril, y el día 30 agregó otros seis ceros sin hit, en otra faena de relevo frente a los Senadores de Washington. Luego lanzó Perfecto a Filadelfia el 5 de mayo, para sumar 17 entradas sin ver caer una pelota en terreno de nadie.

Hey, el asombro continuó: el 11 de mayo trabajó seis episodios sin hit ni carrera domesticando a los Tigres de Detroit, hasta que Sam Crawford le conectó un doble en el séptimo.

En total, 23 innings consecutivos sin permitir hit, dejando un reto imposible a las futuras generaciones. El gran pitcher ganó 26 y perdió 16 a sus 37 años, en 41 aperturas y dos relevos. ¿Qué les parece? Young registró decisiones en 42 de las 43 veces que lanzó, completando 40 juegos.


MURIÓ JOVEN
Addie Joss, un derecho de 28 años de los Naps de Cleveland, fue el forjador del cuarto Juego Perfecto de la historia, derrotando 1-0 a los Medias Blancas de Chicago el 2 de octubre de 1908, ante 10 mil 598 fanáticos asistentes en el parque de Cleveland.

Como Aquiles el griego, Joss murió joven, a los 31 años, víctima de meningitis. Pero fue impactante: registró 4 temporadas consecutivas de 20 ó más, incluyendo una de 27; firmó un juego sin hit ni carrera y construyó el Perfecto, todo eso después de debutar en Grandes Ligas con juego de sólo un hit, en 1902, agregando otros seis en su futuro, en un alarde de dominio. Medía 6 pies 3 pulgadas y pesaba 185 libras.

La única carrera de Cleveland en su obra maestra, enfrentando a Ed Walsh, se produjo en el tercer inning por dos wild pitchs. Joe Birmigham abrió con hit y fue a segunda por wild. Un error del primera base, Frank Isbells, le facilitó la tercera base y otro wild lo metió al plato.

Joss ponchó a 3 y Walsh a 15, pero Cleveland conectó 4 hits y recibió una base.


UN MEDIOCRE
A lo largo de casi 14 años no se volvió a ver un trabajo magistral de 27 outs consecutivos sin gente en base.

¿Cómo fue posible que Charles Robertson, un ganador de 49 juegos por 80 reveses, en una carrera borrosa de 8 años, se encuentre en la lista de tiradores de Juegos Perfectos?
Él lo hizo desde la colina de los Medias Blancas de Chicago contra los Tigres de Detroit, el 30 de abril de 1922, imponiéndose 2-0.

En esa temporada del 22, la mejor de su vida y prácticamente la de su debut, después de aparecer en sólo un juego y dos innings en 1921, Robertson ganó 14 y perdió 15, continuando con 13-18 en 1923. El resto de su trayectoria fue totalmente oscura.

Sin embargo, tuvo suficiente inspiración y fortaleza para imponerse al equipo de Detroit, dirigido por Ty Cobb, quien utilizó al novato Herman Pillette.

Las dos carreras fueron fabricadas en el inicio del segundo episodio. Una base por bolas, un hit, un sacrificio y un hit impulsador de dos, del inicialista Eral Sheely, sepultaron a los Tigres.

En el juego, Cobb falló tres veces, mientras Robertson ponchaba a seis.


OTRO CASO RARO
El 8 de octubre de 1956, es decir, 34 años después, Don Larsen, un pitcher que había sido perdedor de 20 juegos con Baltimore, se convirtió en el único diseñador de un Juego Perfecto en Series Mundiales.

El derecho, que fue adquirido por los Yanquis, liquidó 2-0 a los Dodgers de Brooklyn inutilizando un buen trabajo de un tenaz adversario, Salvatore Maglie.

Ante una multitud de 64 mil 519 aficionados en el viejo Yankee Stadium, Larsen, cuyo balance de por vida fue 81-91, envió 97 lanzamientos al plato, y lo logró. Hasta hoy, caso único en Clásicos de Octubre.


APUNTEN A BUNNING
A lo largo de 58 años, los Filis no tuvieron un forjador de Juego Perfecto. El derecho Jim Bunning lo logró el 21 de junio de 1964, con victoria 6 por 0 sobre los Mets de Nueva York.

Como Denis, un ganador de 100 juegos en cada Liga, Bunning, quien había tirado un no hitter en la Americana, ponchó a 10 del inofensivo line-up de los Mets, perdedores de 109 juegos bajo el mando de un angustiado Casey Stengel.

Con registro de 224-184 en su carrera, sólo una actuación de 20 victorias y cuatro de 19, Bunning, que ponchó a 2 mil 855 en 17 campañas, se sintió en las nubes.


KOUFAX, PRIMER ZURDO
“El codo izquierdo le dolía siempre, excepto entre el primero y el noveno inning de cada juego”, escribió el ganador del Premio Pulitzer de periodismo, Maury Allen, sobre Sandy Koufax, el zurdo de los Dodgers que trabajó cuatro no hitters, incluyendo un Perfecto contra los Cachorros de Chicago el 9 de septiembre de 1965.

Koufax se retiró a los 31 años después de ganar la Triple Corona del pitcheo con 27 victorias, 317 ponches y 1.73 en efectividad, iluminando 1966. No necesitó ir más allá de 165 victorias a lo largo de 12 temporadas, las últimas cinco, fabulosas, para ser una escogencia de primera ronda en el Salón de la Fama, en Coopeerstown.

Aquel nueve de septiembre Koufax tuvo que tirar Perfecto para derrotar 1-0 al zurdo de 6 pies 2 pulgadas, Bob Hendley, ganador de 48 juegos con 52 reveses en 7 temporadas, y cuyo balance en 1965 fue de 4 y 4.

Nadie esperaba verlo retar al Monstruo, pero Hendley se aproximó a Ulises frente al Cíclope tirando pelota de sólo un hit, batazo que no tuvo nada que ver en la carrera, y posibilitó un gran espectáculo.

En el octavo Juego Perfecto de la historia, Koufax, quien llevó sus cifras a 22-7 esa noche, ponchó a 14 ante 29 mil 139 aficionados, que disfrutaron de ese duelo por una hora y 43 minutos.

Lou Johnson, bateador del único hit, abrió el quinto recibiendo base por bolas y avanzó a segunda por sacrificio. Robó tercera y anotó por mal tiro del catcher Chris Drug: nada elegante, pero decisivo.

Por fin un zurdo en la lista de los Perfectos: Koufax, naturalmente.


HUNTER APRIETA TUERCAS
En 1968, Jim Hunter, de 22 años, todavía no impactaba. Después de 13 triunfos y 17 derrotas en 1967, Kansas City lo envió a Oakland, equipo que no tenía mucho significado, como lo demuestra su balance de 82-80.

El 8 de mayo de ese año, muy temprano en la campaña, Hunter lanzó Perfecto contra los Gemelos de Minnesota, en una victoria de 4 por 0. César Tovar, Rod Carew, Harmon Killebrew, Tony Oliva, Bob Allison y resto de esa gruesa artillería, fueron inutilizados por el derecho, quien llegó a ganar 20 ó más, cinco años seguidos, entre 1971 y 1975, este último esfuerzo ya con los Yanquis.

Dave Boswell enfrentó a Hunter y sostuvo un abrazo a cero por seis entradas, antes que los Atléticos marcaran una carrera en el séptimo y tres en el octavo.

Ganador del Cy Young en 1974, Hunter, entró al Salón de la Fama en 1987.


BARKER, INSPIRADO
En 1980, Len Barker, con 25 años entonces, mostró su dentadura desde el campamento de los Indios de Cleveland, con balance de 19-12; y cuando el 15 de mayo de 1981 trabajó Perfecto contra Toronto, en ruta hacia un triunfo de 3 por 0, pareció estar advirtiendo que su crecimiento sería imparable.

Pero terminó con 8-7 ese año y redondeó 74-76 en su carrera de 11 campañas. Nada para el archivo, excepto, su Perfecto.

Apenas 7 mil 290 personas lo vieron ponchar a 11 sin permitir gente en base, dominando a un line-up que reunía a George Bell, Dámaso García, John Mayberry, Llody Moseby, Willie Upshaw y Alfredo Griffin, un buen paquete de peligros.

Atravesando por una temporada mediocre, Baker caminó por 9 entradas sobre el arcoiris de la grandeza.


WITT CIERRA FUERTE
¿Quién iba a sospechar que el derecho de California, Mike Witt, cerraría la temporada de 1984 lanzando Perfecto contra los Rangers de Texas?
Su victoria 15 por 11 fracasos, fue por 1-0 el 30 de septiembre, en un duelazo con el nudillista Charlie Hough, ante 8 mil 375 testigos.

La carrera fue impulsada por roletazo de Reggie Jackson en el inicio del séptimo inning.

Witt, quien estuvo 12 años en las mayores, ganó 117 juegos y perdió 116, pero se encuentra en la lista de sólo 17 que han realizado faenas monticulares perfectas, como los cortes de orejas y rabo de Manolete o El Cordobés.


BROWNING, SEGUNDO ZURDO
Súper zurdos como Warren Spahn y Carl Hubell, lanzaron no hitters, pero no lograron un Perfecto. El único había sido Sandy Koufax, y ahora, 20 años después, Tom Browning.

El pitcher de los Rojos ganó 20 juegos como novato en 1985. Se esperó de él una gran proyección, pero se detuvo con registros de 14 y 10 triunfos en 86 y 87, antes de volver a llamar la atención en el 88 obteniendo 18 éxitos.

El más resonante de ellos fue el trabajo Perfecto contra los Dodgers 1 por 0 el 16 de septiembre de ese año. El rival Tim Belcher sólo admitió 3 hits.

En el sexto, Barry Larkin conectó un doble con dos outs, y llegó a tercera con un hit a tercera base de Chris Sabo. El antesalista Jeff Hamilton tiró mal a primera y facilitó la anotación de Larkin, única del juego.

Browning se fue del béisbol después de 1995 con 123-90.


DENIS, PRIMER LATINO
Juan Marichal fue el primer latino en tirar un No Hitter. El béisbol quedó en espera del primero en dibujar con la maestría de Rubens, un Juego Perfecto.

Adolfo Luque fue un ganador de 27 juegos. Luis Tiant, el talentoso cubano, estuvo por un buen rato impresionando con su pitcheo difícil de descifrar; Camilo Pascual hizo historia mucho antes del ruidoso ingreso de Fernando Valenzuela, otro tirador de no hitter en 1981. Pero le correspondió a Denis Martínez, la tarde del 28 de julio de 1991, ser el primer latino de Juego Perfecto.

En un cerrado duelo con Mike Morgan, Denis, de los Expos de Montreal, que lo vieron resucitar, estuvo indoblegable por nueve entradas.

Un error de Alfredo Griffin permitió a Dave Martínez embasarse en el inicio del séptimo, y después de dos outs, un triple de Larry Walker lo impulsó para el 1-0. Walker anotó por otro error y el 2-0 permaneció hasta que cayó el telón. Cuatro mil 560 aficionados fueron testigos en el Dodger Stadium.


ROGERS SORPRENDE
El 28 de julio de 1994, exactamente tres años después de Denis, Kenny Rogers, el zurdo de los Rangers de Texas, trabajó Perfecto atornillando a los bateadores de California. La pizarra fue de 4 por 0.

A los 30 años, Rogers, que nunca ganó 20 juegos ni es una posibilidad de Salón de la Fama, se creció ante una multitud de 46 mil 581 aficionados en el nuevo Estadio de Arlington, realizando 98 lanzamientos, de ellos 64 strikes.

Todo esfuerzo fue inútil para Jim Edmonds, Bo Jackson, J. T. Snow, Chili Davis y resto del line-up californiano, mientras con dos carreras en el primero y otras dos en el tercero, proporcionaban a Rogers un mar de tranquilidad.

En la frontera de los 40 años, Rogers, nacido en 1964, está de regreso con Texas, registrando una actuación llamativa en este 2004.


WELLS LO CONSIGUE
De repente, los zurdos se estaban filtrando en el reducido grupo de tiradores de Juegos Perfectos. En 1998, David Wells, con 35 años, lanzando por la franquicia más famosa y gloriosa del deporte, lo logró en el Yanqui Stadium, como Don Larsen en 1956; fue el 17 de mayo por 4-0, frente a los Gemelos de Minnesota y el derecho de 25 años, LaTroy Hawkins.

En un partido de 2 horas 40 minutos presenciado por 49 mil 820 aficionados, Wells recibió el respaldo de un jonrón de Bernie Williams y un triple de Darryl Strawberry. Los Yanquis anotaron una carrera en el cierre del segundo inning, otra en el cuarto y dos en el séptimo.

Con ocho esfuerzos de 15 ó más victorias antes de la temporada de 2004, y habiendo superado la barrera de los 200, este zurdo de apariencia engañosa, que ahora lanza para los Padres de San Diego, entró, salió y regresó al staff de los Azulejos de Toronto, y lo mismo ocurrió con los Yanquis.

Su única campaña de 20 fue con Toronto en el año 2000, habiendo alcanzado 19 con los Yanquis en el 2002. Es otro tirador de Juego Perfecto sin posibilidad de golpear las puertas de Cooperstown, pero pertenece a esta lista de 17.


CONE, EN LAS NUBES
Los Mets de Nueva York obtuvieron a David Cone de los Reales de Kansas, después de 11 relevos y 22.2 entradas trabajadas en 1986. Lo vieron despegar con ellos registrando un balance de 5-6 con 24 años, en 1987, y de inmediato los estremeció favorablemente ganando 20 y perdiendo sólo 3 en 1988, con una reluciente efectividad de 2.22 y 313 ponches.

No volvió a llegar a las 20 victorias por las próximas 13 temporadas, pero de regreso a Kansas, obtuvo el Premio Cy Young en 1994, año de la última gran huelga, con balance de 16-5 y 2.94.

El 18 de julio de 1999, con los Yanquis, igual que Larsen y Wells, estuvo inspirado y tiró Perfecto contra los Expos de Montreal, derrotándolos por 6-0. Ganador de 193 juegos en su carrera, Cone se retiró en el año 2002.


JOHNSON, OTRO ZURDO
Difícilmente alguien puede imaginar un pitcher de rostro, gestos y accionar tan fieros como Randy Johnson. “Él da miedo”, admitió una vez John Kruk.

Sus cifras en ponches indican que pertenece a “la raza” de Nolan Ryan y Sandy Koufax, y su fulgurante trayectoria mostraba un no hitter logrado desde la colina de los Marineros de Seattle.

Este año, el 18 de mayo, frente a los Bravos de Atlanta, estuvo tan perfecto como Rodin, cuando elaboró su gran escultura: El Pensador.

La historia lo registra como el más viejo tirador de Juego Perfecto, un sueño que consideró ya no podría convertir en algo real.

Cañones tan ruidosos como los de Chipper Jones, J. D. Drew y Andrew Jones, fueron derretidos por el fuego de Randy.

¿Quién será el próximo pitcher purificado por el fuego?
No existe álgebra que pueda calcularlo ni alquimia que pueda fabricarlo para determinada fecha. Simplemente es un hecho grandioso que surge de pronto, aparece en pantalla y nos impacta
Puede que pase tanto tiempo como el transcurrido entre el Perfecto de Charles Robertson y el de Don Larsen: 34 años. O quizás, una eternidad.