Edgard Tijerino
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¿Cuánto puede tardar un momento de inspiración? Depende. ¿Cuánto tiempo se tomó Leonardo en su Gioconda o Beethoven en una de sus sinfonías? Y Fidias trazando los planos del Partenón o Víctor Hugo dándole forma a Los Miserables.

El 28 de julio de 1991, en el Dodger Stadium de Los Ángeles, Denis Martínez se encontró con ese momento de inspiración, que se extendió a lo largo de nueve innings y que culminó con la atrapada de Marquis Grissom entrando a la zona de alerta del center fielder, sobre ese batazo de Chris Gwynn.

La fotografía de Denis tratando de elevarse al cielo, con sus ojos desmesuradamente abiertos por el asombro, su puño derecho crispado y el guante izquierdo cobrando vida, mientras su rostro, digno de ser captado por el pincel de Goya, lo graficaba todo.

¿Cada cuánto recordás ese momento?, le pregunté hace unos años en su casa de Kendall en Miami. “Cada día”, me dijo con esa naturalidad que siempre lo ha acompañado, atravesando por los momentos de felicidad o dramatismo que nos impone la vida.

Lanzar un Juego Perfecto. ¿Quién de nosotros iba a sospecharlo, pese a lo poderosa que es la imaginación?. Mucho menos Denis. Él se levantó ese domingo, y como siempre lo hace desde su impecable restauración, fue a la iglesia a encomendarse al señor. Por la tarde, estaría enfrentando a la batería de los Dodgers y al derecho Mike Morgan en busca de su triunfo 11.

Antes de lanzar contra Brett Buttler, discutió con el árbitro Larry Poncino sobre la dureza del montículo, y cuando sacó los tres primeros outs, fue sometido a revisión médica por una dolencia en la cadera, consecuencia de cada caída.

“Pensé que todo sería difícil esa tarde”, expresó. Pero produjo algo genial: 27 hombres enfrentados, 27 outs, nadie en las bases. Sólo 17 veces ha ocurrido eso en más de un siglo, mientras nos atormentaban guerras, éramos sacudidos por tempestades y terremotos, se construían obras maestras de arquitectura, y el mundo se mantenía moviendo hacia adelante al ritmo de una tecnificación incontrolable.

No hay forma de conseguir una proeza sin inspiración, pero ésta es menos importante que lo que el artista hace con ella mediante un trabajo exhaustivo, una atención obsesiva y paciencia. Esa tarde, con su familia frente al Televisor en Miami siguiendo cada uno de sus movimientos, Denis alcanzó su máxima concentración.

¿Cómo pitchearle a Brett Butler en el único conteo de 3 y 2? ¿Cómo resolver ese toque de bola de Juan Samuel? ¿Cómo controlar el sistema nervioso frente a Chris Gwynn el probable out 27? Hay tantas cosas que cuidar alrededor del esfuerzo buscando un Juego Perfecto, que el temor a que algo se quiebre, es inevitable.

Han pasado 17 años, y Denis se siente entrando a la iglesia en Los Ángeles antes del juego. “Señor, espero tener una buena tarde. En vos confío”. Y durante nueve entradas, fue cobijado por una inspiración divina y seductora. ¿No es así, Rubén?