•   Buenos Aires / EFE  |
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¿A qué juega Argentina?, se pregunta el mundillo futbolístico de este país tras la derrota por 1-0 que la Albiceleste sufrió este martes frente a Venezuela en la segunda jornada de las eliminatorias del Mundial Brasil 2014.

El equipo que ahora dirige Alejandro Sabella poco ha cambiado respecto del que naufragó en la reciente Copa América, entonces bajo el mando de Sergio Batista.

Argentina no tiene funcionamiento colectivo, tampoco sobran individualidades que sostengan al equipo y la ‘Messidependencia’ ya ha alcanzado niveles alarmantes.

Defensivamente el equipo sufre desde hace años: ya no están los zagueros confiables de otrora, y los que hay no ofrecen garantías, y tampoco encuentra laterales, según la cátedra, una carencia del fútbol argentino en las últimas décadas.

El centro del campo no tiene identidad. No hay demasiado compromiso con la tenencia de la pelota y ninguna de las individualidades que han jugado la Copa América y los partidos posteriores han hecho méritos suficientes para ser confirmados como socios de Messi.

José Sosa acaba de perder dos oportunidades de oro para entrar en la consideración, Javier Mascherano -central en el Barcelona- lejos está de su nivel como centro medio, Ever Banega se pierde en la intrascendencia, Ángel Di María no termina de explotar nunca y a Javier Pastore -figura en Francia- apenas si le dan un puñado de minutos en cancha.

Ofensivamente, Argentina tiene para elegir ya que no muchos equipos en el mundo tienen un menú de delanteros de la talla de ‘Leo’ Messi, Gonzalo Higuaín, Sergio Agüero, Rodrigo Palacio o Juan Manuel Martínez, quien desde el fútbol local reclama a gritos una convocatoria en serio desde hace tiempo.

Hasta el partido de este martes, Argentina y Venezuela se habían enfrentado 18 veces y los albicelestes tenían un historial perfecto: 18 triunfos.