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De pronto, el joven tirador zurdo Elvin García, con apenas 21 años, prospecto de los Bravos de Atlanta, ansioso y necesitado de lanzar en su intento de progresar, se encuentra atrapado por un presente imperfecto.

El Bóer lo quería, el León lo tenía aunque la Liga no lo sabía, y Elvin firmó contratos con los dos equipos.

Por ahora, es un pelotero suspendido, porque por lo menos en nuestro béisbol, la Ley es la Ley.

Considerando que el muchacho, desprovisto de malas intenciones, fue víctima de una confusión posiblemente involuntaria, y estando conscientes que sería grave impedirle trabajar, uno piensa que por los mejores intereses de su futuro, se debe llegar a un punto de coincidencia para permitirle jugar, no importa con cuál equipo.

Maritza Cordero del León, realizó gestiones directamente con los Bravos para obtener la autorización y la consiguió. Después lo firmó, pero ya Elvin lo había hecho con el Bóer, que solicitó a la Liga –como se recomienda- la gestión con Atlanta. ¿Por qué García firmó con León? Él explica en una carta pública, que se le dijo, los Bravos habían autorizado a los occidentales, y que le aseguraron, no habría problema alguno con el Bóer, que lo firmó sin tener el visto bueno de su organización.

Se trata de un torbellino en una taza. El Bóer y el León se quedan sin Elvin, y él no pitchea. ¿Tranquiliza eso a todos? ¿Es lo conveniente para el muchacho? ¿Importa su futuro?.

Algo hay que hacer para que pueda jugar. ¿Cómo no poder llegar a un arreglo?