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¡Qué atropello! Bombardeando a los Tigres por 15-5, los Rangers han aterrizado ruidosamente por segundo año consecutivo en la pista de una Serie Mundial. 

Los estragos provocados fueron tan brutales, que al finalizar el destructivo turno de los Rangers en ese tercer inning tenebroso para los rugidores, no se escuchó ni un gemido. Como si los Tigres nunca hubieran estado ahí, como si esas ruinas de sus ilusiones rotas no fueran expresivas. Sólo Juan Rulfo ha creído que se pueden escuchar los quejidos de un muerto.

Súbitamente, los de Detroit, que estaban adelante 2-0 con los jonrones de Miguel Cabrera y Johnny Peralta, se vieron atrapados en un oleaje de calamidades provocado por esa ofensiva sostenida de Texas, marca “erupción del Vesubio”, que fabricó 9 carreras. Seguramente, el manager Jim Leyland, debe haber sentido el impulso de tirar la toalla y salir huyendo.

Para los Tigres, ver a los Rangers zumbando sobre las bases, destrozando cualquier tipo de ilusiones, fue una tortura tan larga, como la tristeza de un anciano sumergido en la pobreza. En el tercer episodio, auténtica pesadilla para la tropa de Leyland, el pitcheo de Max Scherzer, Daniel Schlereth y Rick Porcello, fue masticado por ese ataque jefeado por Michael Young, quien empujó cuatro carreras con dos dobletes. Los de Texas no tenían freno y el rugido de las tribunas agigantaba el operativo.

Más adelante, en el séptimo inning, como percatándose de que no habían utilizado su mejor arma, el jonrón, Michael Young todavía enfurecido y Nelson Cruz, colocaron pelotas en las tribunas contra Brad Penny. El jonrón de Cruz fue su sexto en la serie, un nuevo récord para postemporada, superando la marca de Serie Mundial en poder de Reggie Jackson y Chase Utley con cinco, y al mismo tiempo, sus 13 remolques, constituyen otro récord. En Clásicos de octubre la marca es de 12, impuesta en 1960 por Bobby Richardson de los Yanquis.

Incluso en la defensa, los Rangers ofrecieron la jugada más espectacular con una atrapada de Hamilton, rebotando contra la pared del jardín izquierdo sobre un batazo de Ryan Raburn.

Un jonrón de Austin Jackson en el quinto con Inge circulando fue una leve señal de vida de los Tigres, recortando la pizarra 9-4, pero los de Texas continuaron volcándose hasta llegar a 15 carreras, y ni se enteraron que el venezolano Miguel Cabrera, volvió a jonronear con bases limpias en el octavo, para sellar el marcador. Con los Tigres sin uñas ni colmillos, el “pistolero” Neftalí Feliz, apareció en escena para colgar el último cero.

La superioridad de los Rangers estuvo en el plato. No dejaron títere con cabeza en la colina de enfrente. Incluso el temido Justin Verlander fue severamente golpeado, saliendo a flote por el respaldo recibido.