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Como diría Carlos Fuentes, en cada turno al bate de los Cardenales, el silencio dominaba todos los ruidos, incluso el posible.

¿De quién era el brazo zurdo que Derek Holland utilizó anoche para “anestesiar” a los enfurecidos bateadores de San Luis vistos en el juego anterior? El de Tom Glavine en el sexto juego de la Serie de 1995 contra los Indios, lanzando para solo un hit durante ocho entradas o el Randy Johnson frente a los Yanquis en el segundo juego del 2001 dibujando blanqueo de solo tres hits.

¡Cómo imaginar un cuarto abridor luciendo tan dominante como el Christy Mathewson de 1905, el Lew Burdette de 1957, o el Bob Gibson de 1967, todos ellos ganadores de tres juegos! Fue algo tan inesperado como ver al temible Alberto Pujols, luciendo mansito como un gato perezoso, sin poder sacar la bola del cuadro en tres intentos.

Se impusieron los Rangers 4-0, con un doble empujador de Josh Hamilton en el arranque, jonrón clarificador de tres carreras disparado por Mike Napoli en el sexto, la excelente jugada defensiva de Kinsler en el segundo, y por supuesto, el pitcheo venenoso del inspirado Holland, factor clave.

Lo más próximo a producir carrera que estuvieron los Cardenales fue en segundo inning, cuando Lance Berkman conectó doblete después del ponche a Holliday, y con dos outs, Ian Kinsler le llegó a una pelota bateada por Yadier Molina que parecía seguir hacia el jardín central con Berkman viniendo hacia el plato desde segunda con el empate. La atrapada en lo profundo, el freno, el enderezamiento, y el tiro esforzado para sacar a Molina, lento como una locomotora cansada, sujetando la ventaja por 1-0 conseguida por el cohete de Hamilton al rincón derecho con Andrus corriendo en el primer episodio.

El duelo Holland-Edwin Jackson avanzaba con la inseguridad del 1-0 aguijoneando a la multitud, hasta que Mike Napoli, después de boletos a Cruz y Murphy, recibió al relevista Mitchel Boggs con un batazo a las tribunas del jardín izquierdo, agrandando la ventaja 4-0.

Esa palmada en la espalda, fortaleció a Holland, quien salió en el noveno cuando con un out, boleó a Furcal. El manager Washington lo retiró después de 118 lanzamientos, y llamó al lanza-meteoros Neftalí Feliz para terminar de encapuchar a los enmudecidos Cardenales. Un ponche a Matt Holliday, fue el último out en la noche que Texas sintió que resucitaba, en busca del primer banderín de Serie Mundial de su historia.

dplay@ibw.com.ni