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Y todavía más allá, la más remota lejanía, diría Juan Rulfo, escribiendo sobre la presencia del deporte nicaragüense en Juegos Panamericanos.

Desde que salió del terruño esa tropa de atletas esforzados, se sabía que el reto era inmenso. Seguimos muy lejos del nivel de competencia que se exige, aunque ese evento ha dejado de crecer perdiendo mucho aquel interés que consiguió. Los Juegos estrictamente Centroamericanos, tienen el tamaño adecuado para nuestros intentos, y todavía podemos atrevernos en Centroamericanos y del Caribe, pero en lo referente a Panamericanos, solo excepcional e irrepetible como lo de Orlando Vásquez, y el béisbol cuando la exigencia era menor como en 1983 y 1995, no ahora, cuando hay tanto equilibrio de fuerzas, que los de arriba se ganan entre ellos agigantando la incertidumbre.

Obviamente, con excepción del boxeo en ciertos momentos, de valoraciones que entusiasmen como Herrera en el 84, nada tenemos que ir a hacer en Juegos Olímpicos. Cada vez que vamos, solo comprobamos lo lejos que está el cielo de nosotros, con nuestro deporte oculto por el polvo como en las calles de Macondo o de Comala.

¿Es un estímulo tomar grandes retos? Depende. Yo lo he visto como una carga demasiado pesada, lo que ocurre casi siempre cuando las misiones son imposibles. Hemos asistido con tiradores de bala de 14 metros, compitiendo con rivales que se acercan a los 20. ¿Se imaginan eso?

Ninguna sorpresa en Guadalajara. Seguimos muy lejos. Y todavía más allá, la más remota lejanía.