•  |
  •  |

El disparo de Xavi, con su pierna derecha, entrando con rapidez, precisión de joyero y delicadeza artística en la esquina superior izquierda, dejando sin la menor opción al arquero del Granada, Roberto, en el minuto 32, aseguró la victoria de este gris Barcelona por 1-0; mientras, el astro Lionel Messi, alargaba a tres juegos su sequía de goles.

Con el Madrid tan impetuoso y devastador, este Barcelona se ve bajo de voltaje, aunque siga controlando el balón y tejiendo combinaciones. Tratándose del Barsa se exige brillantez de juego y producción. A eso tiene acostumbrados a sus legiones de seguidores y quienes admiran esa facilidad de maniobra, como la de un pintor sobre el lienzo.

No es que se observe más atrevimiento de los rivales con el Barsa sin importar el tamaño que tengan. El Sevilla llegó muy poco y el Granada casi no se mostró ofensivamente, pero el partido desembocó en el aburrimiento que es producto de tanto movimiento de balón sin concretar.

Cierto, el gol de Xavi iluminó la cancha, pero el Barsa preocupa, porque necesita mayor profundidad y fue herido por la lesión que sufrió alguien tan útil en la dinámica del equipo, como es Pedro.