•  |
  •  |

Después de todo lo visto, sufrido y discutido, tanto en la pelea del 8 de mayo de 2004 en el gigantesco hotel MGM en Las Vegas, como el 15 de marzo del 2008 en el Mandalay, siempre en Las Vegas, era fácil suponer que lo más pronto posible, el filipino Manny Pacquiao y el mexicano Juan Manuel Márquez volverían a encerrarse en un ring.

Pero sorprendentemente, eso no ocurrió, y el tiempo comenzó a pasar mientras Pacquiao crecía impresionantemente terminando con rivales más altos, más fuertes, más potentes, hasta convertirse en el mejor peleador del planeta libra por libra, con Floyd Mayweather gritándole inútilmente desde un rincón, sin atreverse a saltar al tapete.

Ahora, frente a la tercera batalla Márquez-Pacquiao, con claro favoritismo del ágil y destructivo filipino, me pregunto ¿por qué tardaron tanto si quedaron tantas intrigas flotando? Esta pelea que veremos mañana, trasladada al 2009, año en que Pacquiao destrozó a Ricky Hatton y redujo a casi nada, al boricua Miguel Cotto, mientras Márquez se fajaba con Juan Díaz y retaba sin posibilidades a Mayweather, hubiera provocado más polvaredas que la pandilla de los hermanos Frank y Jesse James después de asaltar bancos.

No me parece este el momento apropiado para Márquez. No con 38 años pese a sus triunfos sobre Díaz, Katsidis y un tal Likar Ramos en los dos últimos años. No en 144 libras, contra un Pacquiao exuberante, que en el mismo tiempo ha terminado con Clottey, Antonio Margarito y Shane Mosley, sin dejar la mínima duda.

La aproximación entre ellos que existía en el 2009 se ha desvanecido por mucho esfuerzo que haga la promoción. Márquez, auténtico guerrero, sigue siendo bravo al revés y al derecho, con una voluntad ardiente, revestido de coraje espartano, pero ¿qué hay de los recursos que se necesitan para intentar torear a Pacquiao?.

Dice Nacho Beristain que la mezcla de velocidad y poder, es dañina para el filipino, y para cualquiera, por muy Leonard, Hearns o Hagler que sea, pero en qué medida podrá Márquez ir a fondo evitando el desgaste, frente a un peleador tan cargado de energía, con un catálogo de variantes, y suficiente poder para simplificar.

Eran peleadores muy jóvenes en el 2004, alegres, bullidores, explosivos, necesitados de madurez, cuando Pacman tumbó tres veces a Márquez en el primer round antes de salvar un empate, y en cierta forma lo seguían siendo en el 2008, con Márquez volviendo a caer, perdiendo una decisión más dividida que la oposición política pinolera.

Involucrado en un proceso evolutivo imparable, Pacquiao de 33 años, es ahora un púgil más temible, y desde la cima de las 147 libras ve reducido a Márquez. Eso sí, no puede subestimarlo, y de eso está claro el veterano entrenador Freddie Roach dueño de la mirada y de la voz detrás del filipino.

Estoy listo para tomar mi butaca en un ring side imaginario, pero insisto: ¡Diablos! ¿Por qué tardaron tanto en volver a pelear?

dplay@ibw.com.ni