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Para cualquier rival, llámese Margarito, Mosley, Hatton, De la Hoya, y por supuesto Juan Manuel Márquez, en cualquier peso, una intriga que es redonda en el boxeo mundial, es ¿cómo pelearle al fiero filipino Manny Pacquiao? Cierto, Márquez ha sido el más complicado, pero la última vez que se enfrentaron como decíamos ayer, fue en 2008, con Pacquiao atravesando por un curso intensivo de adiestramiento supervisado por Freddie Roach.

Todavía su mano derecha no era tan activa, visible y dañina, y su facilidad para contragolpear, cada vez más afilada, continuaba una evolución escalofriante.

Lo hemos dicho y bien vale la pena apuntarlo otra vez: a puño limpio, es prácticamente imposible derrotar al fiero filipino Manny Pacquiao. Su boxeo veloz, agresivo, potente, con el soporte de una resistencia próxima a la del mármol, y la apropiada utilización de una variedad de recursos que lo convierten en imprevisible, nos hace pensar –después de verlo acribillar de diferentes maneras al mexicano Antonio Margarito y “rasurar” fríamente a Mosley-, que sólo peleándole con una metralleta se puede tener posibilidad de vencerlo.

¡Qué inmenso se vio Pacquiao tomando el reto de Margarito, inutilizándolo drásticamente;  ignorando con cierta jactancia esas ventajas en tonelaje, estatura y alcance; moviéndose con agilidad felina y agrediendo con unas combinaciones de golpes tan relampagueantes como dañinas y perturbadoras! Y como se le exige a los grandes, fue sometido a prueba en dos ocasiones, siendo golpeado con precisión y contundencia, pero sosteniéndose en la tormenta, enderezando sus rodillas, ensanchando su corazón, sacando vitalidad de su alma de gladiador, comparable con la de Espartaco, cuando la adversidad presiona intensamente.

Sólo sobreviviendo a las dificultades, se puede medir la grandeza de un boxeador. Robinson, Louis, Alí, Leonard, Alexis, tuvieron que atravesar por campos minados para impresionar a las multitudes. Pacquiao pertenece a esa raza de peleadores, que se agigantan cuando llueven las balas.

Así que, las posibilidades de Juan Manuel Márquez son muy reducidas. Necesita la honda de David con muchas piedras, y los tanques de Goliat. El mexicano que fue capaz de fabricar tantas dificultades como para provocar dos fallos que siguen levantando columnas de humo, no es el mismo, en tanto Pacquiao, asombrosamente, no detiene su crecimiento. Claro, de pronto aparecen los imprevistos, pero con Manny, siempre atento, se ha convertido en un experto en desvanecerlos.

No hay forma de fijar como blanco a Pacquiao, porque cambia de perfil con rapidez y prontitud, gira como si se moviera dentro de un embudo, y dispara desde las posiciones más incómodas con tal frecuencia, que su presencia se convierte en algo borroso.

Puede que no haya enfrentado al tipo de rivales que “toreó” Leonard, esos “marca” Hearns, Durán, Hagler y Benítez, pero por favor, ha liquidado a los mejores de la actualidad con gran autoridad, casi con arrogancia. ¿Qué más se le puede exigir?

dplay@ibw.com.ni