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España jugó mejor sin brillar, tuvo oportunidades pero ganó Inglaterra 1-0 con gol de Frank Lampard en el segundo tiempo. Una piedra en el camino.  Al entrenador inglés Fabio Capello le quedó un triunfo desvestido de gloria y a Vicente Del Bosque, la inquietud de una nueva derrota ante una superpotencia, la cuarta después del Mundial, aunque con mejores vibraciones que en las anteriores.

España manoseó el partido sin agarrarlo de verdad, se recreó en exceso en la elaboración, empleó demasiados medios sin empeñarse en el fin. Las maniobras de Iniesta, Villa y Silva no resultaron suficiente. Demasiados nueves ocasionales y ninguno con verdadera vocación de área. Esa falta de portería en el horizonte mantuvo el equilibrio en el tanteo, que no en el juego.

Porque España entendió que los partidos en Wembley son para la eternidad, dejen algo en caja o no. Sirven para presumir con el paso de los años, para dejar un mensaje de autoridad y de elegancia, para quedar realmente bien ante el mundo. Por eso salieron los mejores y marearon a Inglaterra, que considera este juego como propio, en un recinto sagrado. Silva anda ya, en creación y jerarquía, a la altura de Xavi e Iniesta, sino por encima, y ni siquiera es censurable el conservante del doble pivote que Del Bosque ha añadido al tiqui-taca, porque Xabi Alonso está de punta en blanco. Le regaló un gol a Busquets, cuya acrobacia en el remate no resultó. También asoma, al fin, un lateral izquierdo, Jordi Alba, que ha visto hueco por el que colarse en esta fiesta. Anduvo atrevido y aplicado, dos virtudes que dan recorrido a un lateral.

Sin embargo, España tomó mal una curva y se vio en otro partido. Nada más regresar del descanso, Bent superó por una vez a los centrales españoles, cabeceó al palo un centro desde la izquierda y el balón muerto le llovió a Lampard sobre la línea. Un gol de esos que los equipos de Capello exprimen hasta la última gota. Un gol que devolvió la fe, aunque no la brillantez, a Inglaterra y 'empañó' a España.

Con menos juego España pisó más área. Villa estrelló un remate en el lateral de la red, tras sacarle ventaja a Hart, y otro en el palo. Fueron los preparativos de la carga final, en la que participó hasta Piqué, con los ingleses sin asomar la cabeza entre las murallas. En los últimos cinco minutos, Cesc se nubló dos veces ante Hart. En la segunda llegando de atrás, sin oposición, sin obstáculos que explicaran su remate pifiado. Fue la última rareza de un partido con resultado insólito.