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Vi ganar a Manny Pacquiao. Estrecha, pero legítimamente. Incluso me preparé para una decisión unánime, lo que no ocurrió,  porque aunque ninguno de los jueces consideró que el filipino perdió, uno de ellos sentenció tablas. Así que fue decisión mayoritaria con ventaja de Pacquiao en cantidad de golpes acertados y golpes de poder, según “la opinión” del sistema computarizado.

Otra pelea de polémico desenlace producida por “otro” Pacquiao y “otro” Márquez, no por los que esperábamos ver después de haber ofrecido hace siete y tres años, combates de fiereza sostenida, en los cuales, como escribí en aquellos momentos, me pareció que el mexicano se había impuesto.

Los ribetes espectaculares, quedaron pendientes, y moviéndose en peso Welter, Márquez no cayó como había ocurrido en 126 y 130 libras, demostrando haber conseguido la consistencia requerida, pero, prefiriendo la cautela al atrevimiento. Usted y yo, esperábamos ver a Márquez forzando más las acciones, no cediendo el centro del ring y la iniciativa a un Pacquiao, que se estableció con el uso de su derecha y pudo acomodarse para contragolpear entre las dificultades que se le presentaron.

¿Qué pasó con la fogosidad de Pacquiao? Peleadores fuertes como De la Hoya y Margarito fueron acribillados; los cambios de golpes vistos en la segunda pelea con Márquez se ocultaron; esos saltos de pantera combinando sus manos desde los ángulos menos previsibles, quedaron en el closet.

¿Por qué no se soltó el filipino si permaneció a la ofensiva la mayor parte del tiempo? Obviamente, no es porque no pueda hacerlo, sino porque se refugió en lo especulativo esperando por Márquez, siempre preocupado por esa izquierda amenazante pero no lo suficientemente activa. Claro que Pacquiao pudo ser más incidente, pero con lo que hizo fue suficiente.

Con excepción de sus momentos cumbres, vividos en los asaltos 6 y 9, el combate fue más de corte ajedrecístico, y Pacquiao, aunque frustrado al no poder desplegar su habitual boxeo cargado de versatilidad y de energía, se conformó con llevar hacia adelante el combate y tratar de responder de inmediato las agresiones distanciadas de Márquez, no sostenidas.

Márquez no fue el púgil volátil y toma riesgos sin medida, de las dos peleas anteriores con Pacquiao, pero mejoró mucho respecto al que vimos derretirse con Floyd Mayweather, completamente inutilizado. Esperando por Pacquiao, se afectaba en la apreciación, pero decidió refugiarse en esa actitud, seguramente con el visto bueno de Beristáin, por considerarlo rentable, y ese tipo de cálculo cuando sos el retador, no es preciso.

¿Sospecha de favoritismo? En el boxeo eso es natural. El significado de Márquez para el futuro inmediato, no es el de Pacquiao, y si se va a proporcionar protección, está escrito, a la vista de todos. Pese a esa consideración sobre algo obvio, vi ganar a Pacquiao, legítimamente. A “otro” Pacquiao ciertamente, pero frente a “otro” Márquez, no a los que conocíamos.

dplay@ibw.com.ni