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Claro que me gusta ver batear a Jimmy González, posiblemente el mejor hombre frente al plato en los últimos años; por supuesto que con su accionar en el terreno, contribuye al espectáculo atrayendo al público a las ventanillas de boletos; no hay manera de discutir su utilidad en cualquier equipo, ¿quién no quisiera tenerlo de su lado?, pero ¿qué hay de su comportamiento y de los agudos problemas en que se ha visto involucrado? Veamos, cuando se trata de una figura del deporte, de alguna manera un espejo para las ilusiones de muchos chavalos, se necesita una explicación al momento de reactivarlo.

No se trata de intentar ser “un purista” –a veces ridícula postura– porque todos somos vulnerables, sino de preocuparse por la restauración de valores en una sociedad tan deteriorada como la nuestra, en que la desfachatez se ha instalado engalanada, y cualquier caso, por muy complicado y abierto a debate, se da por cerrado, así por así, como si todo lo que pasa a nuestro alrededor, debemos tragarlo, y ya.

Creo, por experiencia propia vivida en mi adolescencia, en los esfuerzos por reivindicarse; soy partidario de segundas, y quizás hasta de terceras oportunidades por reinventarse; pienso que se debe ser lo suficientemente flexible con los jóvenes; pero también considero que es necesario ir a fondo en cada caso, arribar a conclusiones para poder elaborar diagnósticos precisos, mostrarnos de cuerpo entero, asumir responsabilidades y comprometernos con nuestro enderezamiento. Eso debe ser una exigencia, sobre todo cuando el problema se mueve en la esfera del deporte, donde lo formativo es esencial y los protagonistas viven expuestos más fácilmente a la opinión pública.

El caso Jimmy, al ser presentado y aplicarse ciertas medidas restrictivas que lo sacaron del deporte, fue extremadamente complicado, impactó severamente la conciencia nacional. Al ser reinstalado en el engranaje deportivo, exige una explicación. No es tan sencillo como “aquí no ha pasado nada” o “borrón y cuenta nueva”, sino que urge un compromiso del atleta con su futuro. ¿Qué es lo que ofrece ahora en su línea de conducta?

El primer impacto es siempre el arrepentimiento, y de inmediato, el compromiso después de haber masticado tan amarga experiencia. Solo así se puede ser visto de manera diferente, más allá de batear 4 hits en 5 turnos en su juego de retorno.

El nivel de rendimiento del pelotero, sigue intacto, así que saltemos de nuestras butacas porque hay hombres viniendo hacia el plato impulsados por sus batazos, ¿y los valores personales? Claro que nos importa saber ahora hacia dónde piensa dirigirse.

El nudo del problema, es que si no hay compromiso, no se pueden esperar cambios. Un jugador puede llevar a un equipo a ser campeón con sus batazos, pero no sabemos nada sobre cómo ve ahora la vida y que pretende, y eso importa a una sociedad que necesita ser inyectada, revitalizada y no más debilitada.

 

dplay@ibw.com.ni

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