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Con solo 54 mil en las tribunas, el Nou Camp se veía vacío y entristecido, como si los fantasmas del Getafe, burlescos, siguieran atormentando a este Barsa con su reputación recortada.  

El Rayo Vallecano saltó al terreno, atrevido, irrespetuoso, peleando la pelota y fabricando opciones, pisando el acelerador. Guardiola saltó y tuvo que aplicar modificaciones para conseguir retención, orden, y aceleración en el último y tercio de cancha. El gol de Alexis Sánchez a los 29 minutos, magistral, culminando una maniobra trazada entre Messi y Xavi, deteniendo el balón, cambiando de perfil y de pierna, rematando con derecha contra el poste izquierdo del arquero Cobeño, tranquilizó, y permitió establecerse y crecer al Barsa, que terminó imponiéndose 4-0, gritando ¡fuera fantasmas!

El equipo que todos conocemos y hemos admirado, volvió a funcionar. Otra vez Messi y Xavi, moviéndose como producto de los trazos de Miguel Ángel, y la pelota hacia Alexis, que con un soberbio taponazo, aumentó 2-0 a los 41 minutos. El partido ya tenía dueño, pero por si quedaba alguna duda, Piqué entró al área, se entendió con Alves, y la extensión fue aprovechada por Villa, sacudiendo las redes a los 43 minutos. El 3-0 antes de ir al descanso terminaba con el suspenso. El Barsa como local, no ha permitido goles en la Liga, y el Rayo aunque estuvo cerca tres o cuatro veces, terminó en el congelador.

En el segundo tiempo, serpenteo desequilibrante, freno y definición de Messi a los 49. No hay manera de levantarse con un 4-0 encima frente al Barcelona revitalizado que fue visto ayer, como si estuviera realizando una tarea obligatoria para lavarse un poco la cara, y lo logró. Iniesta con su disparo de derecha desde muy lejos en los primeros minutos, envió una señal muy clara. El Barcelona respondió funcionando como si el pasado reciente fuera antiguo, y ofreció una demostración de buen juego y contundencia. ¡Qué bueno!