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Suspendido por haber sido descubierto aplicando yeso en su vendaje antes de subir al ring para fajarse con Shane Mosley el 24 de enero de 2009, precisamente después de haber vencido nocáut técnico en 11 asaltos a Miguel Cotto en julio de 2008, el peleador de Tijuana Antonio Margarito, de 33 años, regresó al ring en 2010 en medio de encendidas polémicas. Ciertamente, colocar yeso y ocultarlo para combatir, es algo criminal. Sin el yeso, Margarito fue derrotado por Mosley en nueve asaltos, y su futuro quedó expuesto a drásticas consideraciones.

Pero en mayo de 2010, Margarito estaba de regreso estirando sus músculos para superar a Roberto García en Aguascalientes, y en noviembre, fue vapuleado por Manny Pacquiao. Mañana, después de un año sin pelear, Margarito, siempre señalado y bastante devaluado, seguramente sin yeso en el vendaje, volverá a enfrentarse con el boricua Cotto, también liquidado por Pacquiao, quien lució muy desteñido frente a Ricardo Mayorga en marzo de este año, apuntándose un triunfo sin ninguna señal de resurgimiento.

¿Se pagará por ver este combate entre dos púgiles sometidos a cuestionamientos en un control de calidad? Con el boxeo tan necesitado de inventar algo en medio de la crisis imperante, la pelea ha tomado su espacio promocional, sin atreverse a colocar en los cartelones la obligada interrogante: ¿quién de ellos estará más deteriorado?

Es difícil creer que en la primera pelea con Cotto, el mexicano Margarito no usó yeso. Existe la duda y el boricua insiste en eso. Cabalgando sobre la ventaja que le proporcionan las cirugías a que fue sometido Margarito en su ojo derecho después de Pacquiao, espera ser lo suficiente agresivo y contundente para ajustar cuentas casi tres años y medio más tarde de aquella derrota que le quitó el invicto.

Hay serias reservas sobre el tipo de pelea que podemos ver, pero el boxeo actual no puede ofrecer mucho, y los “renaceres” se están multiplicando.