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Quienes tuvimos la inmensa suerte de haber visto en acción por televisión a aquel Brasil de 1982 y 1986, durante las Copas realizadas en España y México, nunca olvidaremos la maestría, personalidad, incidencia y toque de magia, que caracterizaron al doctor Sócrates, un centrocampista total, casi una fotocopia de aquel estupendo Gerson que no fue apagado por la brillantez de Pelé, en el Mundial de 1970, cuando se obtuvo el tri-campeonato.

Víctima de un choque séptico de origen intestinal provocado por una bacteria, según el informe médico, Sócrates de 57 años, falleció ayer en “un día triste para Brasil y el futbol mundial” como escribió Ronaldo en su página por internet.

Seguidor de Brasil desde la aparición en escena de Pelé en 1958, en los inicios de mi secundaria, hay dos partidos que quedaron clavados en mi corazón, dos derrotas, aquella frente a la Italia de Rossi en 1982, y la sufrida frente a Francia en definición por penales en 1986. En las dos, Sócrates fue uno de los principales protagonistas. El penal de apertura que le atajó aquel formidable arquero francés, Joel Bats, antes de las fallas de Platini y Julio César, en una serie que Brasil perdió 4-3, lo atormentó por mucho tiempo. La especulación inútil “Ah, qué hubiera pasado si no fallo”, abrió espacio a muchos escritos.

Jugador genial, con una visión tridimensional, capaz de mantener el balón atado a sus botines mientras avanzaba en busca de la mejor proyección garantizando entregas precisas, dueño de un golpe potente desde diferentes distancias y ángulos, daba la impresión de movilizarse sobre mágicos patines, con su cabeza levantada siempre visible por su estatura 1.91 metros. Era angosto, flexible, desequilibrante con su destreza para maniobrar en espacios cortos. Un futbolista salido del Bolshoi o del Circo del Sol.

Se dejó atrapar por el alcohol y precipitó su deterioro. Admitió haber bebido sin control en todas las etapas de su carrera, como Mickey Mantle con los Yanquis. “El vaso de cerveza es mi mejor psicólogo”, decía. Por eso fue descartado para un necesario y urgente trasplante de hígado. Un aventajado estudiante universitario, graduado en la facultad de medicina, considerado el líder intelectual de sus equipos, incluyendo la Selección, falló como doctor frente a su propio cuadro clínico.

Llegó a ser símbolo del Corinthians de Sao Paulo y un soldado de los principios demócratas, que peleó en todo instante por sus derechos como ciudadano y la libre escogencia de gobernantes. Fue adquirido por el Fiorentina de Italia, y jugó para el Flamengo y el Santos, dejando constancia de esa calidad tan bien cultivada que siempre lo acompañó en todos los rincones de las canchas.

Su nombre, obedece a la admiración de su padre por los filósofos griegos, pero no parece haberle dado importancia a una de las frases más conocidas de Sócrates el ateniense: la victoria más dura y trascendente, es la victoria sobre uno mismo. Fue una asignatura pendiente para el doctor, tan excelente jugador.

dplay@ibw.com.ni