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  • EFE

Rafael Nadal, a la heroica y en un final dramático, proporcionó la quinta Copa Davis al tenis español, después de remontar la desventaja inicial que puso fin a la resistencia de Juan Martín del Potro (1-6, 6-4, 6-1 y 7-6 (0)), incapaz de derribar el maleficio que persigue a Argentina en la competición.

El número dos del mundo, infalible en tierra, selló la segunda conquista en La Cartuja. Un éxito que se suma a la senda abierta en el 2000, en el Palau Sant Jordi, cuando por primera vez un cuarteto español, formado entonces por Alex Corretja, Juan Carlos Ferrero, Joan Balcells y el ahora capitán Albert Costa, inscribía el nombre de España en el historial de la competición por equipos más importantes del mundo.

Nadal logró por primera vez, el punto definitivo en una final. Una situación que acapara los focos. Que encumbra al autor. Y del que el balear, determinante en la consolidación del tenis español en la última década, había estado circunstancialmente al margen.  La cita con la gloria, amarrada después de cuatro horas y siete minutos de alternativas, dramatismo e incansable pelea contuvo grandes dosis de incertidumbre y bastante de épica. Provocada por un adversario infatigable, que se agarró hasta el último suspiro para mantener la supervivencia en la competición de su país, ávido por hacerse notar en un torneo que no terminan de hacer suyo. A pesar de llegar casi siempre a la recta final gracias a las inacabables generaciones prodigiosas.

“Ha sido una victoria muy emocionante. Ha sido un final en un año difícil. Un final de temporada espectacular gracias a esto. Estoy muy agradecido a toda la gente de España. Todos han estado espectaculares. Es muy especial y más en casa”, dijo Nadal a pie de pista.

Del Potro mantuvo el tipo mientras le aguantaron las fuerzas. Incluso más allá. Cuando se rehizo en el tramo final a pesar de parecer hundido. Llevó la zozobra a tres cuartos de la grada durante hora y media. El aforo restante vibraba con el comienzo fulgurante de la ‘Torre de Tandil’ a los que devolvió la ilusión, provisionalmente, también antes del cierre del partido.