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Así como no se podía hablarle del Premio Nobel a un frustrado Jorge Luis Borges, no le hablen a Luis Tiant del Salón de la Fama. Por favor, no lo incomoden. Borges murió sabiendo que merecía el Nobel que nunca le concedieron, en tanto Tiant vive herido, por haber estado durante 15 años colgado inútilmente a esperanzas que se fueron esfumando. Y ayer, intentando entrar por las consideraciones del Comité de Veteranos, volvió a quedarse corto, mientras Ron Santo, quien hizo historia con los Cachorros, se convertía en el nuevo inquilino de la grandiosidad en el beisbol.

¿Cuántos puros se fumó Tiant esperando una llamada de Cooperstown? Nadie lo sabe. Pero esos años en los que se sintió atravesando por una larga agonía, no acabaron con su buen humor. Cada vez que he encontrado a Tiant, sus ojos brillan, sigue retorciéndose el bigote, acariciando la barba y bromeando sobre pasado, presente y futuro, hinchando su tórax.

Vi trabajar a Luis Tiant en nuestra profesional, como un fanático, y más adelante siguiendo su fulgurante carrera en las mayores manejando con frialdad y precisión esos lanzamientos retorcidos tan desconcertantes. Así que, antes de entrar en contacto directo con él por medio de Tony Castaño y establecer amistad cuando estuvo aquí en varias gestiones, disfruté de su pitcheo observándolo por TV frente a la famosa “Maquinaria” en la Serie Mundial de 1975. Se apuntó dos triunfos incluyendo esa formidable blanqueada por 6-0.
Tenía un estilo peculiar. En cierto momento, estaba de espaldas al bateador y de frente a la segunda base. Luego, con su pierna izquierda levantada y arrimada al cuerpo, iniciaba un contoneo para culminar su giro viniendo hacia el plato, con esos disparos siempre impredecibles. Daba la impresión de ser un agente secreto en la colina.

Tiant es recordado, no sólo en Cleveland y Boston, como un gran pitcher. Sin embargo, los expertos calibradores no lo dejaron entrar a Cooperstown negándole el 75 por ciento. No ganó 300 juegos –tampoco Jim Palmer o Sandy Koufax-, no tiró un no hitter –igual que Steve Carlton y Greg Maddux-, no ganó un Cy Young –algo que duele a Nolan Ryan y Juan Marichal-, pero fue tan bueno o ligeramente superior a pitcheres del Salón como Jim Hunter y Don Drysdale, sólo por mencionar dos casos.

Cuatro temporadas con 20 o más victorias, porcentajes de 1.60 y 1.91 en efectividad, más ponches que Palmer (2,416), más entradas que Drysdale (3,486), 49 blanqueadas, 187 juegos completos y 229 triunfos en 19 años. Tiant debería estar en Cooperstown.

“No voy a llorar. No ahora”, dijo hace unos meses en La Romana, República Dominicana, cuando ingresó junto con Denis Martínez y Fernando Valenzuela en el Salón Latino. “No me hablen más de eso”, respondió cuando le preguntaron por Cooperstown, tratando de ocultar la herida. ¡Cómo se habrá sentido ayer al encontrar nuevamente las puertas cerradas vía Comité de Veteranos!

dplay@ibw.com.ni