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Supo el Barça adornar un partido sin garbo y llenar de goles su clasificación para octavos de Copa. Tuvieron seriedad su alineación, con un único jugador del filial que no lo es tanto, Cuenca, y su juego. Una muestra de respeto a L'Hospitalet y también una medida de precaución, que se convirtió en imprudencia cuando a la media hora se marchó lesionado Iniesta. Quince días estará fuera. El percance afeó el triunfo azulgrana. También la primera piedra de la goleada: un penalti que se inventó González y que sirvió el 1-0.

Al Barça le entró un hambre natural (o inducido por el 5-1 del Madrid a la Ponferradina, que hasta en estos detalles se buscan las zapatillas) y a L'Hospitalet, una pájara del tamaño del Camp Nou. Y la invasión resultó sencilla: Thiago desde la izquierda, Cuenca desde la derecha, Iniesta y Xavi en subidón creativo y Cesc y Pedro repartiéndose el papel de ariete. Lo lamentable fue la lesión de Iniesta, tras un choque con Craviotto. Un problema muscular, explicaba con gestos el doctor Pruna. Se lo temía Guardiola, con ambas manos en la cabeza, quizá pensando en que extremó el celo.

Sin que se detuviera el festival, el técnico miró al futuro con preocupación y retiró a Xavi. La galopada, en cualquier caso, continuó ante un rival que ya fue un guiñapo. Xavi, poco antes de marcharse, y Tello, su sustituto, firmaron el 5-0 antes del descanso. Veinte minutos después andaba ya el 8 en el marcador, con tantos de Cuenca, Thiago, de penalti, este sí claro, de Viale al propio Cuenca, y Tello de nuevo. Cuenca quiso estar en casi todo, ampliando mucho el campo y atreviéndose una y otra vez, virtud que le asoma ante rivales de mayor y menor cuantía. Hizo el noveno.