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No pretendo ser un erudito en béisbol, pero ayer este deporte dejó una vez más evidencia de jugarlo de forma incoherente te lleva a la tumba. ¿Es esa dirección de pelota profesional? Con el debido respeto a la trayectoria del manager con 14 títulos nacionales, Noel Areas,  su decisión de mantener en el noveno inning al abridor dominicano Juan Figueroa, quien terminó con el brazo hecho añicos, fue como enterrarse el puñal a sí mismo.

Increíble, el Bóer se acreditó una victoria 7x6 en 10 entradas. Precisamente cuando estaban a punto de ser decapitados, con la guillotina sobre su cuello, Figueroa mostró síntomas de cansancio en el noveno episodio, y fue cuando Noel tuvo dos opciones en sus manos: evitar o correr el riesgo. Obviamente se decidió por el peligro y encontró la muerte.

Figueroa tenía que abandonar la colina después de recibir imparable de Mario Holmann y otorgar base a Mark Jospeh, había que traer un brazo fresco, eso era lo idóneo. Pero siguió adelante y después de ponche a Yasmir García, su compatriota José Campuzano disparó sencillo para llenar los costales.

Y bastó un swing de Jilton Calderón para colocar un adverso 2x6 a un estimulante 6x6, que sirvió de presagio de un final amargo para los sultanecos, porque en el décimo Marlon Abea definió las acciones con doblete.

Y no se trata de poner en el paredón a Noel por la derrota, pero en el beisbol moderno existen roles específicos para los lanzadores, que sirven para facilitar el trabajo y tener más opciones para maniobrar. No es cuestión de caprichos o marcas, sino de hacer lo correcto.

El triunfo de anoche en el Estadio Nacional Denis Martínez debió ser del Oriental y Figueroa, pero al contrario, se lo acreditó el relevista del Bóer, Róger Marín (2-0), quien con menos lanzamientos se llevó los honores. El revés fue a cuentas de Álvaro López (1-7).  
 
El resto es historia. ¡Lo siento Noel, te equivocaste!