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Sin la insistencia de José Castillo y Fabio Gadea yo nunca me hubiera atrevido a hablar en radio, y consecuentemente Doble Play –un invento con la complicidad de Carlos Guadamuz - no existiría, no estaría llegando hoy a su aniversario 31, posiblemente un récord, toda una vida sin exagerar.

Pese a mi terrible voz y acelerada manera de hablar, José y Fabio terminaron por impulsarme al atrevimiento de tomar un micrófono. En 1971, en Radio Corporación, se produjo el inicio. Más adelante, siempre en la Corporación, trabajé en Gran Stand precisamente con José, y en Cápsulas Deportivas, un proyecto en broma que se me ocurrió. Para que naciera Doble Play, con sus últimos 12 años en Radio La Primerísima, con la tolerancia de William Grisby, que agradezco, fue necesario que me quitaran del Instituto de Deportes. Cuando eso ocurrió, Carlos Guadamuz, un viejo amigo desde la época de las “chavaladas”, me llamó de inmediato, y luego de tres meses de calentamiento en Resumen Deportivo, comenzó Doble Play aquel 2 de enero de 1981 junto con Enrique Armas, a quien seleccioné como compañero. Coincidía el año con el inicio de mi relación con Auxiliadora.

En una sociedad altamente polarizada, desconfiada, distorsionándose, dando la impresión de ser un baile de máscaras, Doble Play es un programa al desnudo, sin máscaras. Cada uno de nosotros, René Pineda, Miguel Mendoza y yo, nos mostramos de cuerpo entero, sin esconder la menor de nuestras intenciones, sin ocultar nuestras ideologías, sin temor a los cuestionamientos, esgrimiendo la franqueza en cualquier circunstancia. Así enfrentamos a cada oyente que participa en la multiplicidad de temas que abordamos.

Un programa en que la carcajada es rutinaria, porque grafica nuestro estado de ánimo, más allá del tamaño de las dificultades que puedan rodearnos. Y es ese comportamiento el que le gusta a la gente, sobre todo a los libre pensadores que saben tienen espacio sin restricciones. La mejor arma es el debate, porque agita y enseña, nos permite aprender día a día, relacionarnos con los escuchas, entrar a sus casas con el permiso que nos otorga sintonizarnos, y sentarnos a desayunar o almorzar con ellos.

Hemos atravesado por todas las experiencias imaginables, y tratamos de incidir, más allá de la esencia de lo deportivo, en los valores morales que tanto escasean, en el respeto por el otro, en la apertura a diferentes pensamientos, en la exigencia por mejorar, en el ataque a lo corrosivo, en señalar a los abusadores, en asumir responsabilidades. Desde nuestra pequeña trinchera, esa es una forma de hacer patria. Y lo disfrutamos.

¿Cuánto tiempo más? Imposible saberlo, aunque a los 68 años, mi futuro está recortado drásticamente, pero no el de René y Miguel. Ellos seguirán haciendo Doble Play, manteniéndolo con vida, aunque se muevan a otras emisoras y con otro nombre en los programas. Pueden ponerle sello.

dplay@ibw.com.ni