•  |
  •  |

Para el manager Omar Cisneros y sus muchachos, ayer la noche fue más oscura que de costumbre. El silencio fue sepulcral en el dogout durante los casi nueve innings, y el grito desgarrador al final del juego que perdieron 8x2 frente al Bóer en Managua.

¿Y la ferocidad?.. De eso no hubo nada, al contrario, los Tigres lucieron como unos domesticados cachorritos frente a los Indios. Corrieron mal las bases, estuvieron desajustados en la defensiva, su bateo lució vulnerable y Omar en vez de auxiliar al descontrolado abridor y perdedor Douglas Argüello (1-2), dejó que lo humillaran por completo.

Mientras el desánimo y los rostros sombríos predominando en la cueva de los felinos, en el Bóer todo era un divertido juego. El lanzador Gustavo Martínez (5-0) atacaba con destreza a los bateadores chinandeganos para mantenerlos en dos carreras y cinco imparable durante su labor de seis entradas para acreditarse el triunfo.

A eso agreguemos el buen relevo de dos episodios de Diego Sandino y el cierre de José Luis Sáenz. Fue la Tribu que tomó control del desafío en el fondo de la primera entrada, anotada por José Campuzano producto de passball.

En el segundo sumaron dos carreras empujadas por doblete de Jilton Calderón. En el tercero doblete de Luany Sánchez trajo a Iván Marín al home y Wilson Batista también anotó por error. Los Indios ripostaron con cinco en el cierre, producidas por bases por bolas seguidas con bases llenas a Justo Rivas y Marlon Abea, rola de escogencia de Campuzano y fly que casi le cae en los zapatos al cátcher Sánchez.

Ese fue el último daño de los capitalinos, porque después llegó al box José David Rugama y tiró cinco sólidas episodios. Terminó el partido Isidro Pantoja.

Los Tigres sacan 4.5 juegos de distancia a León, quien no levanta cabeza y va rumbo a la eliminación.