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¡Qué fácil parece dirigir al Barcelona! Pep Guardiola frota la Lámpara y saltan los genios a la cancha, como ayer en el Nou Camp para edificar con esa fineza de joyería, una goleada por 4-0 al ritmo de Xavi, Cesc y Messi, quien ingresó en el minuto 59, supuestamente saliendo de una fiebre, aunque no lo parecía.

El Osasuna que casi no tuvo la pelota, solo realizó dos disparos a la cabaña del casi oxidado Pinto, mientras el Barsa fabricaba múltiples posibilidades, dos de ellas provoca penales obviados. Una vez más se comprobó que el brillo del Barsa es por ahora inagotable.

Xavi funcionó como el cerebro de la computadora azulgrana. Interceptaba todo, se movía como sobre mágicos patines, y su maestría como pasador, fue colocada permanentemente sobre el tapete. Daba la impresión de ser un profesor de geometría haciendo trazos en una gigantesca pizarra. No marcó pero movió al equipo antes y después de la entrada de Messi.

Esa pelota recibida de Alves y dibujada hacia Fábregas por la izquierda, facilitando el remate de derecha que abrió el marcador al minuto 14, hizo danzar a la multitud flexibilizando el concreto, y apenas un rato después, a los 18, Xavi otra vez entregando a Fábregas, para una rápida penetración y un cuchareado luminoso con el botín derecho inutilizando a esforzado arquero Riesgo. La parábola, permitió al balón entrar rascando la escuadra superior izquierda para el 2-0.

Messi entró por Pedro en el segundo tiempo y fue activado de inmediato. Casi marca en jugada de serpenteo y estocada, pero se desvió por poco, y luego, en el minuto 72, su certero cabezazo hacia abajo, al rincón derecho de Riesgo, amplió 3-0, y cerró en el 91, disparando de zurda desde la frontera del área.

Este Barsa parece haber pasado aceitándose durante el fin de año. Los genios están intactos.