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¡Qué fácil pierde la cabeza el Madrid frente a un Barcelona que sabe lo que hace, que no se traiciona, que se muestra como un equipo funcional sacándole el máximo provecho a sus espléndidos jugadores, que en ocasiones, como ayer, no necesita del plus esfuerzo de Messi, y que es capaz de definir un Clásico con goles de dos defensas, Puyol y Abidal!

Ni siquiera el temprano gol de Cristiano Ronaldo a los 12 minutos, entre las piernas de Pinto, fue útil para que el Real se tranquilizara buscando cómo flexibilizar su juego fabricando opciones. Mourinho colocó a Altintop atrás, con Pepe y Lass más enfocados en el juego duro y sucio, lo que afectó a los atacantes Higuain y Benzema, abandonados la mayor parte del tiempo, con Xabi Alonso oscurecido y Cristiano desaparecido.

¿Por qué no salir a pelear la posesión del balón y presionar como lo hicieron el Español y el Betis, no tan bien armados como el Madrid? No puedes dejar que el Barsa logre trazar esa geometría serena, precisa, abrumadora, porque va a disponer de constantes oportunidades, y finalmente, te crucificará.

Aun con la presencia de Pepe y Lass, no se pudo estorbar al Barsa. Chequeen estos detalles después del gol de Cristiano: a los 13 minutos, Iker saca disparo de Iniesta; a los 15, la escuadra superior derecha devuelve un cabezazo de Alexis; a los 25, Casillas de nuevo, manotea un remate zurdo de Messi; a los 27, Iniesta casi culmina una brillante combinación;  un minuto después, el mismo Iniesta falla un taponazo sobre esa entrega de Alexis con olor a gol.

El Barsa regresó en el segundo tiempo con una penetración de Cesc como advertencia, y a los 48, cobrando su séptimo corner por uno del Madrid, se produce el mortífero cabezazo de Puyol con Pepe inutilizado, empatando el juego 1-1. El Barsa siguió con un remate del brillante e incansable Iniesta que rebotó en el horizontal, y fue entonces que el Madrid soltó sus amarres y casi toma ventaja con disparo de Benzema al poste. Y en el 76, la entrega de Messi por arriba, con exactitud milimétrica para la entrada de Abidal, facilitando ese frío y magistral cachetazo de zurda que selló el marcador 2-1.

Se dice que no fue el mejor Barsa. Bueno, los hombres de Guardiola, aun con Messi supervigilado, ciertamente limitado y golpeado, incluso malintencionadamente por Pepe y Coentrao se adueñaron del balón, tejieron las jugadas que acostumbran, manejaron esa conocida geometría avanzada, multiplicaron oportunidades, mostraron esa gran capacidad de recuperación que los caracteriza, y clavaron esos dos dardos. ¿Qué más se les podía exigir?
 
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