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¡Qué impresionante fue ver lanzar a Vicente Padilla contra el Bóer, mostrando fortaleza, concentración y efectividad, como si estuviera en la Gran Carpa retando a los Filis aquella tarde en octubre de 2009, desde la colina de los Dodgers! Un show para disfrutarlo, pero, tomando riesgos después de haber atravesado problemas en hombro, codo y cuello, que lo sacaron de circulación en 2011.

Fue Padilla quien completó un espectacular resurgimiento del Chinandega en la semifinal, trabajando a fondo en el quinto duelo contra el Oriental, y ahora, pidiendo la bola como un chavalo de proyecciones buscando cómo mostrarse de cuerpo entero, intentó equilibrar la serie con los Indios, para forzar una séptima y decisiva batalla. A lo largo de 104 lanzamientos, Vicente realizó un esfuerzo mayúsculo de siete ceros obviando la prudencia. Un pitcheo que nos llenaba el alma, y que no fue suficiente, porque los bateadores occidentales se hundieron frente al plato cada una de las diez veces que encontraron hombres en posición anotadora.

Aunque este Padilla tan motivado, confiando en una recuperación física plena, sin temores, parecía estar enviándonos señales sobre lo que puede ser su retorno de 2012 con los Medias Rojas de Boston, nunca estuve de acuerdo en que volviera a tomar riesgos. No fue caprichosa la advertencia de Johnny Sain: “cada pitcheo puede ser el último”.

Pensando como amateur, dejándose llevar por el impulso, Padilla colocó a un lado su futuro inmediato como profesional para contribuir con el Chinandega, cuya prioridad era seguir con vida en la final, por encima del cuido de ese brazo tantas veces lastimado. Boston no va a permitir que el nicaragüense trabaje tanto durante el entrenamiento primaveral, ni siquiera a mediados de marzo.

¡Cuándo volveremos a ver a un auténtico big leaguer luciendo tan autoritario aquí en casa! Los ganadores de Cy Young, Miguel Cuellar y Ferguson Jenkins, lanzaron en aquella inolvidable Profesional, distantes de su mejor forma, igual que Dick Scott, Jack Billigham, Phil Reagan y tantos otros.

El trabajo de Vicente fue de dominio, sin alardear con su poder, lo que explica porqué sólo ponchó a cuatro entre los 21 outs. Apenas se le embasaron tres hombres, dos de ellos sin out en el tercero, situación que le fue útil para imponerse con seguridad. Uno de los dos hits fue un machucón de Abea, y el otro, una línea sólida de Joseph. Podía lanzar hasta la madrugada sin alteraciones, pero decidió que estaba bueno ya antes del octavo, momento que aprovechó el Bóer para “emboscar” a Saydel Beltrán, marcar cuatro carreras y atrapar el banderín.

El show de Padilla, despreocupado por los límites del yo, ofreciendo una actuación cumbre,  hizo del precio de la entrada una ganga. Demostró que tiene la química necesaria, sólo debe agregar la ética de trabajo requerida. Ese es su verdadero reto.


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