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Sostenerse envejeciendo es posiblemente el más difícil de los retos. Se trata de sobrevivir al empuje de una juventud ansiosa, alegre, en ebullición, competente, capaz de derribar murallas. Lo vemos en todos los sectores, no sólo en el deporte.

¿Cuántas veces escuché a fanáticos preguntar qué estaban haciendo Marlon Abea y Diego Sandino en los rosters del beisbol profesional, en lugar de buscar sus pantuflas y retirarse para abrirles espacio a los jóvenes valores? Seguramente, muchos de esos cuestionadores se levantaron a ovacionarlos durante esta final, viéndolos funcionar como grandes soportes del Bóer en ruta a su cuarto banderín.

El brazo de Abea, no es freno para los corredores, pero su manejo del pitcheo, esa solidez bloqueando, la seguridad que mostró persiguiendo faules, y sobre todo, la fluidez de su bateo con 10 hits en 24 turnos para 417 puntos, superior a todos los jóvenes pinoleros en la final, excepto Mark Joseph, con el agregado de 4 anotadas y 3 remolques, certificaron su utilidad.

¿Y qué decir del derecho Diego Sandino, cuyo brazo todavía responde a las exigencias creciendo bajo presión? Sus cifras de la temporada (5-4 y 7.44) lo convertían en “altamente sospechoso”, pero logró una transformación instantánea e impresionante trabajando como relevista en nueve entradas, consiguiendo dos de las cuatro victorias, con sólo 1.00 en carreras limpias. Viéndose en el espejo con el título de Más Valioso, era otro caso como el de Dorian Gray. ¿Quién dijo que estás envejecido Diego?

No es que el envejecer sea un divino tesoro, pero hay casos excepcionales, como los de Timothy Mena y “El Chino” Meléndez, a quien -ya con nietos probablemente- todavía vi lanzar en aquella Profesional de 1956, ganando 5 y perdiendo 1, provocando cierto asombro.

¡Qué bien por Marlon y por Diego! No podemos gritarle a atletas tan esforzados y con nivel de rendimiento, que se vayan, que son un estorbo, cuando lo dan todo por seguir en pie de lucha.

¡Qué joven se veía Marlon evitando avances del adversario ahogando posibles wild pitch, resistiendo juego tras juego la difícil tarea, o  tocando esa pelota frente al pitcheo de Padilla y alcanzando la primera base ocultando su pesadez! ¡Qué bravo fue el pitcheo de Diego durante esos últimos tres innings, completando la blanqueada iniciada por Cruceta, asegurando la coronación de la tribu!

El gesto de cada uno de ellos mientras rechinaban dientes y salía fuego de sus miradas en las diferentes situaciones de complicaciones extremas, lo decía todo sobre el empeño. Actuaban como jóvenes, ridiculizando el calendario, siendo figuras influyentes.

No hay quien pueda durar por siempre. Ni Pete Rose, ni Nolan Ryan, y de eso están claros Marlon y Diego, cuyo final obviamente está próximo. Peloteros de agallas y vergüenza, no necesitarán que se les diga que tienen que retirarse, cuando ellos mismos se percaten. Por ahora, su utilidad fue indiscutible.


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