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Súbitamente el Barcelona ha dejado de ser la maquinaria casi perfecta para fabricar un futbol vistoso, incontrolable y efectivo, apreciado por todo el planeta. Desconectado y acorralado por el ímpetu del Real Madrid, escapó a la seria amenaza de una derrota en el último Clásico, malogrando con un empate 2-2, esa ventaja conseguida en el final del primer tiempo que parecía tener el peso de una sentencia; y el sábado, frente a un Villareal que se tambalea en la zona oscura de la tabla de posiciones, tuvo que conformarse con ese decepcionante empate 0-0, distanciándose siete puntos del Madrid, una diferencia impensable cuando se puso en marcha el torneo.

Cierto, faltan 18 fechas como apunta Guardiola tratando de ocultar ilusiones que se deshilachan dramática e irremediablemente, pero mientras el Madrid cada día que pasa ofrece una imagen más consistente, mostrando poderío y buen juego, ahora que Ozil y Kaká están “rimando” y multiplicando posibilidades, el Barsa, afectado por las pérdidas de Iniesta, Pedro, Villa, Keita en la Copa África, y Alexis cojeando, volvió a flaquear como visitante, obligado a su sexto empate, con el agregado de la derrota frente al Getafe.

Fe como si Guardiola hubiera perdido la Lámpara que producía magia con tanta facilidad. El total de 15 puntos perdidos, por 7 del Madrid (un empate y dos derrotas), establece una diferencia que por lo que estamos viendo, podría agrandarse y liquidar la Liga con imprevista anticipación, dejando el suspenso para lo que queda de la Copa y de la Champions.

Por segundo juego consecutivo, Xavi dejó de ser el centrocampista iluminado y Messi, pese a disponer de dos opciones, se ha visto muy reducido tanto en su radio de acción y en su maniobrar. La incorporación de Masherano, primero adelantado y luego atrás para cubrir el sector central, agrietado con la salida de Piqué, no tuvo la utilidad deseada en un preocupante momento de pérdida de destreza y bajón de voltaje.

Aún sin elevar su futbol al máximo nivel, el Madrid no deja dudas. Su avance se siente incontenible, y podría llegar al Nou Camp en abril, con el título en el bolsillo. En tanto, buscando la Copa del Rey y la Champions, necesita recuperar las piezas necesarias para volver a funcionar con el enfoque que lo llevó a la grandiosidad. Eso, tomará su tiempo y Guardiola lo sabe muy bien, más allá de la forma como maneja las situaciones difíciles.

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