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Espectacular en la defensa y amenazante frente al plato, así lució en esta final de la Liga Profesional, este pequeño y fantasmal pelotero Iván Marín, adquiriendo una mayúscula notoriedad. Tiene Marín esa juventud que abrillanta las facultades y multiplica lo inspiracional; que no da tiempo de detenerse a medir la intensidad del dolor, del esfuerzo, del cansancio; que le permite a uno sentirse capaz de hacerlo todo frente a cualquier reto.

Su figura angosta y flexible atrapó una y otra vez todas las miradas, zambulléndose hacia lo inesperado; reaccionando muscularmente para conseguir al margen de las incomodidades, posición de tiro; zumbado en los senderos con la intrepidez de un corsario desbocado y mostrando su peligrosidad al pitcheo enemigo haciendo swings oportunos.

Siempre junto al también volátil Wilson Batista, tanto en la alineación como funcionando para realizar los doble plays más llamativos, Marín llegó a ser considerado a lo largo de la serie, el pelotero que todo manager desea tener.

¡Qué emocionante fue verlo funcionar! Su agilidad, sentido del anticipo y seguridad para resolver, nos hizo recordar a dos de los más grandes paracortos que hemos visto en nuestro beisbol desde 1970, cuando se puso en marcha la nueva etapa de la mano de Carlos García: César Jarquín y Bayardo Dávila, ambos “intocables” en la memoria de los aficionados.

Atrás, en la vieja, gloriosa e inolvidable Profesional que disfrutamos entre 1956 y 1967, estaban las huellas que trazó Rigoberto Mena, considerado un legítimo short stop de Grandes Ligas, sometido a comparaciones con José Pagan, Gil Garrido y Dagoberto Campaneris, en aquella Serie Interamericana de 1964 ganada por el Cinco Estrellas. En ese evento, provocando un gran impacto, Rigo fue Más Valioso encima de peloteros del calibre de Roberto Clemente y Orlando Cepeda, ahora miembros del Salón de la Fama.

A un lado de tantas otras jugadas de Marín archivadas en el Palacio de Versalles de nuestra memoria, quedaron, esa aparición como un gato en el aire, colgándose de esa bola bruscamente saltarina bateaba por Campuzano en ruta al jardín central, forzando increíblemente a Holmann en segunda, y por supuesto, la mejor de todas, su aterrizaje abre-bocas y eriza-pelos sobre el roletazo candente de Veras entre short y tercera, con el agregado de contorsión y tiro para un out imposible. Eso nos obligó a verlo del tamaño de una montaña como fabricante de emociones.

Y en el plato, paciente y efectivo, tomando ventaja en el conteo, captando bases por bolas y atento a los lanzamientos adecuados para volcarse encima de ellos y proporcionar batazos que lo mantuvieron circulando sobre las bases, con esa cuota de peligro que afectaba la concentración del pitcheo cuando Batista y Bowman venían al ataque.

Su porcentaje de 318 puntos con 5 anotadas, 3 empujadas, 3 robos y sin errores pese a la extensión de su cobertura defensiva, muestran su importancia en la serie. ¿Le servirá esta actuación para encumbrarse? Ya lo veremos.

dplay@ibw.com.ni