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Estoy en México, y escuchando radio, viendo programas deportivos por TV, y leyendo secciones deportivas y revisando periódicos como Récord, con mas de 40 páginas diarias solo para deportes, pienso que esta es la liga más competitiva del mundo, por encima de La Premier inglesa y la de España, que medio mundo está pendiente de los duelos por verse Santos-Morelia y Monterrey-Chivas, y que el gol de Carlos Vela al Barsa y la actuación de Jonathan Dos Santos, deben estar el Museo.

El deporte en México, cualitativamente ha sido golpeado. Hubo un tiempo en que escuchábamos de nadadores como “Tibio” Muñoz, clavadistas, tenistas como Raúl Ramírez, corredores de Fórmula Uno como los hermanos Rodríguez, fondistas excepcionales, boxeadores de leyenda, un goleador como Hugo, y más atrás un arquero como Carvajal, o bateadores como Beto Ávila, sin obviar al fenómeno de los 80, Fernando Valenzuela. México fue sede de dos Copas del Mundo, de unos Olímpicos,  y de tantas Series del Caribe.

La inversión que aquí se hace, es “monstruosa”. Hay campos de verdad, pistas estupendas, grandes piletas, mucho apoyo de la iniciativa privada, una televisión que salta sobre cualquier atleta mexicano que envíe una señal por muy pequeña que sea, los estadios impresionan, los directivos son más importantes que los ejecutivos de grandes empresas. Recuerdo que antes de la Copa de 2006 en Alemania, durante un tour que hicimos con otros 23 periodistas por Berlín, Munich y Frankfort, lo más impresionante fueron las instalaciones, el personal y los recursos de Televisa y TV Azteca. Ni los alemanes como locales se les comparaban.

A un lado de todo eso, México está tan ansioso de figuras que impacten como nosotros, que carecemos de casi todo, que seguimos jugando beisbol en las ruinas de un estadio terremoteado construido en 1948, que no hemos podido reponer al grupo de velocistas que brilló en Centroamérica en el “ombligo” de los años 80, cuando con suficiente asistencia extranjera encabezada por Cuba, se agitó enormemente el deporte casero, dándole vida hasta a disciplinas que nunca habíamos practicado.

Y vuelve a aparecer en pantalla, el recuerdo en blanco y negro de los años 60 y 70. La profesional que ahora tenemos es muy pequeña comparada con aquella que se cortó en 1967; no hemos visto otro ajedrecista como Edmundo Dávila, ni somos sede de aquellos torneos de calidad con presencia de Grandes Maestros; no aparece otro pingponista como Walberto López o el espectacular Oscar Molina que casi gana el oro C. A. y del Caribe; improbable un equipo de baloncesto femenino como aquel encabezado por Thelma Platt; desde 1980, estamos en busca de otra Xiomara Larios; hay marcas de hace 40 años, que todavía son competitivas sin haber sido buenas.

Extrañamos la cantidad de rankeados pinoleros encabezados por Supermán Alexis, y la presencia hasta de cuatro bigleaguers al mismo tiempo, algo que si es factible en estos tiempos aciagos. Tenemos rato de estar “huérfanos” de figuras. No se trata de culpar a nadie. Simplemente seguimos siendo enanos en deporte, porque no tenemos las condiciones requeridas a diferencia de los mexicanos.

dplay@ibw.com.ni