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Cuando se agotaron los cinco minutos extras, y el deshilachado Barcelonaque fue visto en el primer tiempo, salía derrotado 3-2 frente al Osasuna, víctima de las dos “puñaladas” de Lekic en los primeros 20 minutos, seguramente Pep Guardiola pensó como Jorge Luis Borges: “en este punto se deshace mi sueño como el agua en agua”.

Ayer, con una anticipación imposible de ser sospechada, se acabó la Liga en España. Esos 10 puntos que van a separar al majestuoso Real Madrid, ganador de 16 de sus últimos 17 juegos, de éste Barsa tan desconocido como Miguel Ángel destrozando el pintado techo de la Capilla Sixtina, son imborrables. No hay ningún volcán amenazando hacer erupción a la orilla del Madrid para hacer añicos sus ilusiones.

No hay manera de evitar admitir que todo está consumado, y Guardiola pareció estar claro de eso desde antes que sonara el silbato, dejando a Xavi, Iniesta y Cesc en el banco. ¡Ah, si lo hubiera hecho Mourinho, lo estarían crucificando! pero hay mucho respeto para el sumamente respetuoso técnico del Barsa, que pese a su prudencia, no tuvo reparos-después de la caída- para decir: “vamos a defender el título de la Champions”, frase arrogante en un funeral.

El gol de Lekic en frío, a los 5 minutos, materializando una entrega de Raúl García, aturdió al Barsa que no logró imponerse en el medio al rebotar Thiago y Sergi Roberto, dos de la cantera, con la firmeza y el criterio bien aplicado de Kekouman y Puñal. Y a los 21, otra estocada de Lekic condicionando el partido, mientras Messi buscaba espacios y entendimiento, sin lograrlo.

La entrada de Cuenca por Puyol y de Tello por Pedro, agilizó al Barsa, le proporcionó profundidad ofensiva, con Masherano regresando al fondo y Piqué intentando salir de la inseguridad. El gol de Alexis en el minuto 52, hizo pensar en la posibilidad de una recuperación azulgrana pero Raúl García con ese gol en el minuto 56, volvió a meter en el hoyo al Barsa, que estaba estableciéndose peligrosamente.

El hostigoso medio campo del Osasuna, la funcionalidad de su defensa frente a las exigencias, y el reloj, apretaron fuertemente al Barsa. A los 71 minutos, entra Cesc por Piqué y un par de minutos después, Tello con un zurdazo impresionante, estrecha la diferencia 3-2. Quedan 17 minutos y el Barsa intenta desbordarse. Tello y Alexis, no pueden concretar dos grandes posibilidades, y el bravo Osasuna sostiene la ventaja con uñas y dientes, incluyendo el alargue.

No hay nada que discutir. No tiene el Madrid culpa de los tropiezos del Barsa registrando 6 empates y 2 derrotas. Hoy, cuando el Real resuelva al Levante, la diferencia será de 10 puntos. Abismal, impensable. Guardiola tiene razón al dedicarse a pensar en la Copa y en la Champions. La Liga está perdida.

dplay@ibw.com.ni