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Desde chavalo, siempre tuve una idea fija alrededor de los 100 metros: no existe un evento más electrizante y envuelto en una mayor dosis de suspenso, que la lucha entre los relámpagos de la pista.

En los 100 metros, nadie puede parpadear. Todos: público, protagonistas, jurados y periodistas, nos sentimos a bordo de un tren bala, atrapados por una agitación imposible de controlar. Ese ruido de tambores de guerra -¿lo han escuchado alguna vez?-, es producto de los latidos de nuestros corazones. Es, como si por diez segundos, el mundo se detuviera, la gravedad dejara de funcionar, y el viento se empinara para no perderse detalle.

Tres hombres han acaparado la atención del planeta desde hace largo rato: el estadounidense Tyson Gay y los jamaiquinos Usain Bolt y Asafa Powell. Hoy muy temprano hora nica, ellos estarán zumbando en la pista de Beijing, con Bolt, dueño del récord mundial luego de registrar 9.72 segundos, considerado ligeramente favorito.

He visto cinco finales olímpicas de 100 metros, sintiéndome tan nervioso en cada una de ellas, como si me encontrara en el Palacio de la Ópera perseguido por el fantasma. Para todo sprinter, los minutos, las horas, los años de adiestramiento, se diluyen en 10 segundos, o menos... Todo es demasiado rápido y una falla, por muy pequeña, resulta mortal... Pregúntenselo a Silvio Leonard, quien permitió que le sacaran la medalla de oro del bolsillo en los Juegos de Moscú hace 28 años... Se atrevió a lanzar un vistazo sobre sus rivales, y Allan Wells se le metió por la puerta de la cocina.

Cuando en 1996 en Atlanta, el sonido del balazo llegó hasta nosotros, las imágenes de los ocho competidores se habían convertido en algo borroso. Vi a Frederick, hombro a hombro con Mitchell mientras Bolton se adelantaba, pero el flash fue Bailey, quien pareció no tocar nunca la pista con la suela de sus pinchos. Más que volar, daba la impresión de estar desplazándose descalzo sobre carbones encendidos sin quemarse los pies... En todo instante, fue un fogonazo cegador, y haciendo saltar los cronómetros con un tiempo de 9.84 segundos, estableció la nueva marca mundial.

Había visto a Hasley Crawford, a Carl Lewis el súper-atleta en Los Ángeles, a Linford Christie en Barcelona, y también pude ver a Maurice Green en Sidney, pero esos 100 metros de Atlanta, con los cuatro primeros debajo de los 10 segundos, contra sólo dos en Sidney, fueron electrizantes de punta a punta. Sin embargo, en Atenas hace cuatro años, el brillante ganador fue el ahora suspendido Justin Gatlin, en una final con cinco hombres debajo de los 10 segundos, el último, Asafa Powell, uno de los favoritos hoy.

De pie amigos, los relámpagos están por hacer su aparición en pantalla. El mundo va a detenerse.