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El primer impacto de este “Pomares” en pañales ha sido provocado por esos “no hitters” consecutivos logrados por Jimmy Bermúdez y Alis Sotelo, del San Fernando, contra el bateo congelado del Carazo, equipo que sufrió tres blanqueos el fin de semana. Eso nunca había ocurrido. En el Mundial de 1972 se lanzaron tres “no hitters” la misma noche en diferentes escenarios, y en 1986, en el concierto casero, Félix Moya en Granada y Reyes Guerrero en Masaya lo hicieron a la misma hora, en pleno mediodía. Pero dos seguidos, jamás.

Así que Bermúdez y Sotelo, sin pretenderlo, quizás sin percatarse, se han convertido en una referencia histórica en nuestro beisbol. Eso es lo alegre del “Pomares”, que un beisbol pequeño agiganta marcas. Ahí tienen a Renato Morales, gritando ¡aquí estoy! con dos jonrones y dos dobletes, mientras Julio Raudez, en juego recortado a cinco entradas consecuencia de un nocaut, lanzó para un hit desde la colina del Granada contra el Rivas. Otros dos equipos, Costa y León, fueron reducidos a dos hits por los pitcheos de Bóer y Chinandega.

A lo largo de un calendario de 88 juegos por equipo previo a las semifinales se pueden superar las cifras más resplandecientes del último “Pomares”, entre ellas los 20 jonrones y 70 empujadas de Danilo Sotelo, los 111 hits de Jilton Calderón, los 14 triunfos de Marlin Mejía y los 132 ponches de Carlos Pérez.

La presencia de cuatro chavalos en cada line-up es útil para la captación de valores, tarea a veces tan difícil como salir en busca de diamantes, pero debilita el nivel de competencia y enloquece a los managers.

¿Será posible que veamos al primer bateador de .500 puntos en un torneo largo? Parece una extravagancia, y aunque Ofilio Castro ha despegado con porcentaje de .700 en sus tres primeros juegos, es atrevido considerarlo como una señal de que eso sea viable.

La aplicación de la regla de pitcheo, pese a que se juega cada fin de semana, impide que algunos tiradores superen la barrera de las 200 entradas. Carlos Pérez Estrella recorrió 173 innings y un tercio en el último “Pomares”, Justo Pérez realizó 42 relevos, y Julio Raudez completó 9 juegos. Ojo, hay espuma debajo de esas cifras.

El beisbol pequeño abre posibilidades para sacudir marcas. Eso agrega factores de motivación a la afición en los diferentes rincones, que es lo que esencial para inyectar lo recreativo, objetivo del proyecto.

dplay@ibw.com.ni