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De pronto, las cortinas fueron rasgadas como en una película de Hitchcok, apareció en escena la liebre de la sorpresa, y saltó encarnada en Wernbloom, quien sin percatarse de la llegada tardía de Ramos y del intento de cierre que hizo Alonso barriéndose, asestó ese certero derechazo sobre un fatal despeje de Arbeloa, utilizándolo como pase maestro y sellando el 1-1 que el CSKA celebró como una victoria derritiendo el hielo que cobijaba Moscú.

Sencillamente increíble. El Madrid controlaba, el partido agonizaba consumiéndose el último minuto de los tres extras, y el CSKA parecía tan sepultado como el Conde Drácula, cuando ocurrió lo imprevisto. El árbitro cobró una mano de Coentrao por el sector izquierdo de la defensa del Madrid, y en jugada a balón quieto, el equipo ruso borró el espectacular remate de zurda realizado por Cristiano Ronaldo sobre una pelota que descendía trazando una hermosa parábola, adelantando al Madrid 1-0 en el minuto 28.

Claro, no es un drama como los de Dostoyevski, porque en el juego de retorno en el Bernabéu, el Madrid, que además de esos dos puntos perdió a Benzemá por lesión en el minuto 15, va a disponer de todas las condiciones para imponer su superioridad y materializarla. No hay quien dude de eso.

El frío que azotaba y la cancha sintética que incomodaba, impidieron ver la mejor versión del Madrid, esa que está ofreciendo jornada tras jornada en la Liga española. No se necesitaba tanto para someter a este esforzado pero poco creativo y carente de profundidad CSKA, sin embargo, la pizarra nunca se amplió pese a que Callejón y Cristiano dispusieron de oportunidades, y que Kaká ensayó una escapada sin poder desequilibrar en los últimos minutos, antes de producirse el salto de la liebre.

El alemán Özil volvió a mostrar su utilidad en diferentes gestiones, y como siempre, Cristiano fue un permanente generador de peligro, pero el Madrid quitándose cubitos de hielo de sus piernas, no pudo conseguir la capacidad de agresión que lo caracteriza, y por ratos, pareció sentirse cómodo cabalgando sobre esa ventaja por 1-0, supuestamente garantizada por una sólida defensa, falsa consideración a última hora.

Tratándose de este Madrid que ha impresionado tanto, mostrándose no solo invencible, sino capaz de no ceder un solo punto, pese a las adversidades del frío, el terreno y estar de visita, se esperaba una victoria. El equipo de Mourinho tiene mil maneras de lograrla. Sin embargo, la maquinaria no funcionó a plenitud. Algo de grasa faltó en los momentos cumbres y no se pudo establecer clara distancia.

Permaneciendo a la orilla, el CSKA sólo se mantuvo atento de las posibilidades que presentarse, y en el último instante, cuando todo parecía consumado, faltando un minuto como en aquella final que el Manchester arrebató al Bayern en 1999, el gol de Wernbloom para el 1-1.

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