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Una bola extremadamente mal rematada en la red por el serbio Novak Djokovic impulsó a Rafael Nadal hacia la disputa de la medalla de oro de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 que disputará ante el chileno Fernando González, que salió airoso del duelo frente al estadounidense James Blake. El balcánico, que había ejecutado un estupendo ejercicio de reacción para equilibrar el desnivel obtenido por Nadal en el inicio del partido, se llenó de rabia para terminar con la resistencia del español y luego cedió ante el impetuoso español que se impuso 4-6, 6-1 y 6-4.

Nadal se asegura un premio en sus primeros juegos como participante individual. Un metal. Y enfila abrir la historia para el tenis español y lograr la primera medalla de oro en unos Juegos. Rafael Nadal ya ha llegado a donde lo hicieron Jordi Arrese en Barcelona 1992 y Sergi Bruguera en Atlanta 1996. Ambos salieron mal parados. Se quedaron de plata. El manacorí puede disparar la gloria de su deporte. Más botín para el tenis olímpico español, que acumula nueve preseas. Diez con la amarrada por Nadal. Y próxima a una más si el dobles femenino de Anabel Medina y Virginia Ruano ganan un partido más.

Fue una labor ardua. Digna de las dos raquetas más en forma del circuito. Una final anticipada. Nadal rompió en el quinto y séptimo juego y aunque Djokovic reaccionó, el español terminó por cerrar la manga. Djokovic salió al paso a la embestida de Nadal y cambió de raíz el signo del duelo. Afianzado con el saque golpeó con determinación. Sin dar opción de respuesta al español, que sólo fue capaz de resguardar un saque y acaparó los juegos del segundo. Sólo en una ocasión Nadal pudo mantener su saque. Resolvió por 6-1.

La resistencia de Djokovic le hizo perder continuidad al español, que agotó sus fuerzas y sus opciones en la tercera manga. La del trayecto último hacia el oro. Fue cuando el serbio ejecutó su mejor juego. Sólido en todos los aspectos. Firme en la resolución de los puntos. Nadal se amarró a la pista. Se dejó la vida en cada acción a la espera del error de su adversario. Llegó en el décimo juego del tercer set. Djokovic salvó la primera. Pero erró con estrépito la segunda y fue condenado a la lucha por el bronce con el estadounidense James Blake.