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Un Inter de Milan que se ve envejecido, y el Bayern de Munich impulsado siempre por grandes pretensiones, fueron derrotados 1-0 por el Marsella y el Basilea, con goles de última hora. El ghanés André Ayew, de 22 años, hijo del mítico Abedi Pelé, sentenció al Inter en el último suspiro, minuto 90, cabeceando el córner lanzado por Valbuena y, en un par de minutos, dinamitó toda la trama defensiva establecida por Ranieri; en tanto, el Basilea, verdugo del United, con un gol de Stocker en el minuto 86, derechazo cruzado tras un gran pase de Zoua, liquidó al Bayern colocándolo en una situación incómoda.

Frente al Inter, hasta el minuto 90, el Marsella no había disparado entre los tres palos de Julio César. Entonces, Ayew lo hizo en dos ocasiones: primero un disparo con el exterior de la zurda que el meta brasileño desvió a córner; y, a continuación, el cabezazo picado que despertó justo al final, un encuentro anodino, castigando la insoportable resignación del Inter, que parecía encantado con el empate sin goles.

Igual drama aguijonea al Bayern. Por el área de Neuer aparecían cinco o seis jugadores cada vez que llegaba. No tuvieron sus futbolistas ningún respeto por el Bayern. Lo maltrataron. Le arrancaron las estrellas a sustos, a fuerza de zarandearlo con un torrente de ocasiones y futbol.

Se rebeló el Basilea después de recibir un par de avisos iniciales. Un desmarque de Mario Gómez a la espalda de sus centrales y un mano a mano de Ribéry que resolvió pleno de reflejos Sommer. Luego, aconteció la gran rebelión local con un tic de equipo muy trabajado que sabe a qué juega: vio un agujero y por allí hizo suyo el partido.

Regresando con el Marsella, vencedor del Inter, hubo un tiempo en que el fútbol francés era un lujo para la vista.

Corrían los años ochenta y cada equipo francés venía adornado de fantasía, creatividad e inspiración. Pero en algún momento se estropeó todo. Empezaron a ganar espacios los jugadores de preponderancia física y hoy ya son mayoría, dejando muy poco lugar a la imaginación. Deschamps nunca fue un esteta, pero sus equipos heredaron un espíritu competitivo que solo se vio al final del encuentro, de la aparición inesperada de Ayew.

Con todo lo mal que llegaba el Inter -cinco derrotas de los últimos seis partidos-, ofreció una imagen mucho más consistente en el arranque del duelo: sólido atrás y punzante arriba siempre y cuando Forlán pudiera enlazar con un Snejider difuminado. El Inter llevó al extremo su vocación global al alinear a 11 extranjeros, pero no pudo evitar sucumbir alargando su mal momento. El 1-0 en contra, es grave para el futuro inmediato del Inter en esta Champions.