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Cuando Juan Barrera fue expulsado antes de terminar el primer tiempo, pensé que el panorama del juego Nicaragua-Puerto Rico, cambiaría quizás drásticamente, porque aún no tenemos el oficio y la experiencia que son necesarias para fajarnos más de 45 minutos con un hombre menos, frente a un rival que, según el ranking FIFA, se encuentra 31 pasos adelante.

Sin embargo, no llegamos a percatarnos de esa desventaja, porque nunca existió. Quien parecía estar jugando con 10, era Puerto Rico, número 113 en el escalafón FIFA, no Nicaragua, el 144, con clara superioridad en manejo de pelota, capacidad de llegada y fabricación de opciones. En el terreno, la diferencia saltaba fácilmente a la vista, y el 1-0 conseguido por el remate de Vega sobre el segundo pase dorado que hacía el pequeño Henry García para romper redes, fue un resultado corto. Nicaragua pudo ampliar esa distancia sin alardear.

Muchas veces, juego amistoso es juego engañoso, pero no lo creo en el caso de Puerto Rico, que mostró un futbol muy verde, pese a contar, según los informes que nos suministraron, con el personal requerido para ofrecer un buen espectáculo. Incluso el entrenador boricua, Jeaustin Campos, con una terquedad incomprensible, se resistió a salir de la cancha una vez expulsado, poniendo en peligro la continuación del juego.

Equipo sin proyecciones por falta de salida vertical desde una defensa, refugiada en el traslado horizontal por falta de destreza, Puerto Rico peleó en el medio, sin conseguir llegadas. Con problemas en la tercera entrega, muy propensos a la pérdida de balones, intentando de vez en cuando pelotas largas, los boricuas difícilmente dispusieron de posibilidades reales frente a la cabaña del “Pulpo” Espinoza.

Nicaragua era más combinativo avanzando por el centro y con buen sentido para abrir juego por los laterales. Leguía se movía sin el balón buscando posiciones a través de espacios que la movilidad de Wilson, Barrera y Rodríguez proporcionaban. Aunque Barrera, algo confuso y reclamante de sus compañeros, no estaba realizando una gran faena, se hacía sentir, y tenía tiempo para convertirse en incidente, cuando fue expulsado al explotar después de ser víctima de un asedio.

Se movían mejor los nuestros, incursionaban en el área, hacían sus disparos exigiendo unas tres intervenciones meritorias del arquero Reyes, pero la cabaña seguía cerrada. Lo del hombre menos había pasado al olvido cuando Llena ordenó cambios que resultaron decisivos, ingresando Villanueva, García y Vega,  por Rodríguez, Wilson y Leguía, lo cual aceleró el ritmo, intensificó la presión y multiplicó opciones.

Como una versión de aquel Chico Mambo, García se convirtió en factor desequilibrante enloqueciendo a la defensa boricua, hasta realizar esa entrega nítida que materializó Vega para definir el partido, con toda justicia.

No gustó Puerto Rico. Su futbol es muy rígido, algo consistente atrás, sobre todo por alto, aceptable en el medio con sus dificultades, y rocoso adelante, previsible, sin punch. Salí sin entender el ranking FIFA. Ya veremos hoy en el segundo duelo.

dplay@ibw.com.ni

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