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AFP / Beijing
Dueño de un físico impresionante, el brasileño Cesar Cielo Filho pasó por el judo y el voleibol hasta encontrar su verdadera especialidad, la velocidad en la piscina, que terminó inmortalizándolo con el primer oro olímpico a su país con los 50 metros libres.

Nacido el 10 de enero de 1987, en Santa Barbara d’Oeste, Cielo, de niño, comenzó a cultivar el amor por el deporte en un país donde el fútbol es rey, aunque sus primeros intentos fueron en un tatami de judo.

Vestido de blanco y con cinturón, pero sin éxito, Cesar Augusto decidió cambiar de disciplina porque su enorme físico lo hacía combatir contra chicos de categorías superiores que al final siempre lo derrotaban.

Siguiendo los pasos de su padre, en camino a su techo de 1.95 m que despliega en las piscinas, Cielo intentó con el voleibol, pero tampoco era un dotado de las redes, en medio de una pujante competitividad en un país que monopoliza los títulos mundiales de ese deporte.

Finalmente, lejos del mar y las playas, las olas y el surf, Cielo se zambulló a la piscina en Sao Paulo y se volcó por la velocidad.

Este sábado, Cesar Cielo Filho se inmortalizó en la natación con su victoria en los 50 metros libres de los Juegos Olímpicos de Pekín-2008, su segunda medalla en China tras el bronce de los 100 libres, ofreciendo el primer título de la historia a Brasil en natación, en un día que quedará para el recuerdo porque el estadounidense Michael Phelps igualó el récord de siete doradas.

Con lágrimas en los ojos tras salir de la piscina y derrotar a los franceses Amaury Leveaux y Alain Bernard, Cielo entendió enseguida que había entrado en la historia, después de que las estrellas del pasado de Brasil, con Borges y Scherer a la cabeza, dieran al gigante sudamericano 10 medallas, pero no oro.

Casi una hora después, a la hora de recibir el premio en el podio, el llanto del rayo del “Cubo de agua”, de 21 años, seguía incontenible a la hora de escuchar el himno brasileño en lo más alto del podio, para luego hacer delirar a las coloridas tribunas.

”Tengo confianza de que voy a nadar muy rápido, yo apostaría dinero por mí”, había anticipado.

Con un tiempo de 21 segundos y 30 centésimas, nuevo récord olímpico, el más joven de los ocho finalistas se tomó revancha de Alain Bernard, quien lo había dejado con el bronce en la final de los 100 metros libres, y relegó muy por detrás al australiano Eamon Sullivan, plusmarquista de la prueba reina de la natación.

Casi tocando el Cielo, estuvo a punto de quebrar el récord del legendario ruso Alexander Popov, este sábado, algo que seguramente intentará en el futuro con esta dosis de confianza.

El nadador paulista, que estudia en Estados Unidos, eclipsó a la gran estrella de la natación brasileña, Thiago Pereira, quien había ganado 6 oros en los Panamericanos de Rio-2007, donde Cielo logró tres oros (50 y 100 libres, relevos 4x100m libres y la plata en relevos 4x100 estilos).

Pekín sirvió también para sacarse de encima la espina del mundial de Melbourne 2007, donde se quedó a un sólo paso de las medallas, y además se lleva a casa el récord sudamericano de la especialidad, que estaba en manos de João da Silva desde Moscú-1980.

Cesar ni lo imaginaba cuando empezó a nadar en Sao Paulo. Hasta 2004 fue ganando experiencia en los campeonatos nacionales y recién en 2005 saltó a la orbe con el Mundial de piscina corta.

Su salto de calidad llegó a partir de su traslado a Estados Unidos, donde pulió su técnica entre el estudio y el natatorio de los Tigres de la Universidad de Auburn, equipo con el que ganó experiencia en los Campeonatos de la NCAA.

“He trabajado en esta prueba por diez años y no la pude ganar ni yo mismo. Estoy encantado de haber encontrado a alguien que sí pueda. Tenía conocimientos y se los pude pasar a la persona correcta”, dijo su entrenador australiano, Brett Hawke.

Brasil ya se aseguró el relevo de Borges-Scherer, medallista olímpico en Barcelona-1992, Atlanta-1996 y Sydney-2000, con un Cielo genial.