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¿Qué hay de nuevo?, pregunta Rubén en su Canto errante, y apunta: tiembla la tierra, aparecerá un cometa, se cumplirán las profecías de Malaquías, en la iglesia un diablo se esconde, se anuncia que viene el judío errante, y podemos agregar ahora… Michael Phelps gana ocho medallas de oro en Beijing.

El más grande “tiburón” visto en una pileta, se ha convertido en el mejor atleta olímpico de la historia. ¿Se podía sospechar eso cuando debutó en Sidney con 15 años, llegando quinto en los 200 mariposa entre los más fieros? Era una buena impresión, pero no un impacto como el que provocó un año después en el Mundial de Fukuoka, Japón, obteniendo la medalla de oro en la misma especialidad, estableciendo una marca mundial con 1 minuto, 54 segundos y 58 centésimas.

De inmediato el mundo se estremeció con su salto hacia la grandiosidad, desembocando con la conquista de seis oros y dos bronces, retando abiertamente la inmensidad alcanzada por Mark Spitz en 1972, con sus siete oros.

El dominio impresionante de Phelps en los campeonatos del mundo, mantuvo abierta la posibilidad de los ocho oros en Beijing.

No lo creí, porque pensé que era demasiado. De lograrlo, tendrían que incluirlo en la mitología. Pero Phelps terminó aplastando a los incrédulos con una actuación que será difícilmente repetible. Si la proeza de Spitz en Munich se sostuvo 36 años, ¿cuánto tiempo se mantendrá latiendo lo conseguido por Phelps, aguijoneando el asombro?
Las comparaciones entre “Monstruos” del mismo deporte son inevitables y terriblemente complicadas cuando se trata de juntar épocas, un atrevimiento tan expuesto a riesgos, pero tentador. ¿Pete Rose o Ty Cobb? ¿Juan Manuel Fangio o Michael Schumacher? ¿Pelé o Maradona? ¿Chamberlain o Jordan? ¿Jesse Owens o Carl Lewis? ¿Joe Louis o Muhammad Alí? !Uhhhh! !Por favor! ¿Phelps o Spitz?
Un oro más, en un momento de mayor exigencia competitiva, termina la discusión. Ocho de Phelps por siete de Spitz, en los dos casos con siete marcas mundiales porque Phelps se quedó cortó en los 100 mariposa, impidiéndole un cien por ciento en la relación medalla-récord, algo que sigue siendo un timbre de orgullo para Mark.

Phelps fue segundo en su tramo inicial del relevo 4 por 100 libres. Spitz nunca fue segundo en ninguna parte del trayecto en cada uno de sus siete eventos; Phelps, en ese 4 por 100, fue rescatado por un cierre imprevistamente espectacular de Jason Lezak, derrotando al francés Alain Bernard, dueño del récord mundial. En tanto, Spitz no necesitó que lo sacaran del hoyo; todas las victorias individuales de Spitz no dieron margen a la menor discusión, pero el mundo tuvo que esperar el diagnóstico de lo electrónico para estar seguro que Phelps derrotó al serbio Milorad Cavic en los 100 mariposa. Lo que quiero decir es que la grandiosidad de Phelps, supera pero no muerde la de Spitz, aunque tengamos que reconocer, sentados en la butaca de la objetividad, que hoy todo es más difícil para todos, y que los triunfos demandan un mayor esfuerzo.

Hoy las marcas de Spitz respecto a Phelps se ven pequeñas, pero es asunto de lo evolutivo, culpa del paso del tiempo. ¿Cómo serán vistos los registros de Phelps dentro de 36 años? Jesse Owens, con sus cuatro medallas de oro en Berlín 1936, alterando el sistema nervioso de Hitler, nunca ha perdido inmensidad; ni cuando Carl Lewis se equilibró con él en 1984, en las mismas pruebas con mejores marcas.

Phelps puede “noquear” a Spitz mostrando 14 medallas de oro en Juegos Olímpicos consecutivos, Atenas y Beijing, mientras Spitz flaqueó dentro de su favoritismo en 1968, en México, limitado a dos oros en relevos, más una plata y un bronce en individuales, antes de hacer erupción en Munich 1972 con sus siete oros, envueltos con records mundiales.

¿Phelps o Spitz? No se trata de un asunto generacional, sino de espectacularidad, en diferentes momentos separados por 36 años. Obviamente, cifras en mano, el rey es Phelps.

dplay@ibw.com.ni