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Eduardo Alperín
ESPNdeportes.com

Descomunal. Estratosférico. Impensado. La final de los 100 metros resultó un maravilloso concierto producido por un solista de inconmensurable condiciones. Usain Bolt nació como un relámpago y se transformó en un rayo en la noche pequinesa, cuyo estruendo estremeció el Nido de Pájaro y su efecto conmovió al planeta tierra.

Este jamaiquino, descendiente directo del Hijo del Viento, mejoró su récord mundial de 9s72 a 9s69. Sin esfuerzo, como si estuviese disputando una serie intrascendente en vez de una carrera por el preciado oro olímpico y el trono de rey de la velocidad.

Su desplazamiento suelto, sin esfuerzo, recorriendo los últimos diez metros moviendo su cabeza de derecha a izquierda, con los brazos elevados a la altura de los hombros y una mirada distraída, como si estuviese pensando en cualquier otra cosa, me dejó la sensación que si no hubiese mermado su andar ese 9s69 pudo ser varias centésimas menor.

De eso estoy completamente convencido porque me dedique a ver la carrera varias veces y su declaración posterior, cuando se dirigía al vestuario, confirmo mi pensamiento: "Vine a ganar y festejé el triunfo. Cuando finalicé de dar la vuelta al estadio, alguien me felicitó por el récord y ahí me di cuenta del tiempo que había empleado".

Por el cuarto andarivel, Usain, con la camiseta amarilla número 2163, partió retrasado, quedando en el penúltimo lugar, mientras que Richard Thompson, de Trinidad & Tobago, por el carril 5, y Walter Dix, de Estados Unidos, por el 6, aparecían al frente.

Ese panorama duró menos de 30 metros. A esa altura, las largas y delgadas piernas se habían puesto en marcha y sus impresionantes zancadas estaban iluminadas por las doradas zapatillas de Bolt marcando su destino de gloria.

Mejoró su récord mundial de 9s72 a 9s69
Estaba sorprendido e impresionado a la vez. Dos horas antes, en las semifinales, el estadounidense Tyson Gay no se pudo clasificar y transformó la final en un duelo entre los dos jamaiquinos. Y Asafa Powell había faltado a la fiesta.

Ni siquiera subió al podio. Además de su compatriota, Richard Thompson (9s89), Walter Dix (9s91) y el antillano Churandy Martina (9s93) dejaron a Powell (9s95) en el quinto puesto, alargando su fama de perdedor en las grandes citas, porque en Atenas 2004, siendo uno de los favoritos, también fue quinto. Ahora, sólo dijo: "Estaba endurecido".

Su fracaso ni siquiera se notó por la deslumbrante exhibición de un personaje de lineamientos físicos especiales como los de Usain Bolt. Destaca respecto de los demás atletas su altura de 1,96m y su peso de 76kg, lo que le da una apariencia contraria a la acostumbrada visión de atletas musculosos, alejándolo de los arquetipos de los velocistas fornidos y contundentes.

Nació en Trewlany, en la costa noroeste de Jamaica, el 21 de agosto de 1986. Hijo de Wellesley y Jennifer, practicó cricket. A la vez que se destacaba por su velocidad, lo que le valió el apodo de Sherwood, relámpago, al que hoy hizo honor cuando surgió de atrás al primer puesto.

Es un joven sencillo, alegremente inocentón. Hasta sin mala intención afrontó relajado esta noche el momento más esperado. Lo hizo saludando al estadio, con una superioridad que algunos la tomaron como insultante, al permitirse el lujo de abrir los brazos y golpearse el pecho, varios metros antes de la meta. Luego ya tuvo tiempo para festejar y bailar. Para demostrar que es un chico jovial. Un 'reggae man'.

Espectacular. Apoteósico. El primer hombre que, aún parándose casi antes de llegar, bajó los 9s70. ¿Cuál es su límite? No me extrañaría que llegase a los 9s65. Lo indiscutibles es que se trata del nuevo producto, después de Asafa Powell, de una isla caribeña que debemos considerarla como la isla de la velocidad, de la proceden buena parte de las grandes figuras de los últimos tiempos, como el británico Linford Christie y el canadiense Donovan Bailey, campeones olímpicos en Barcelona '92 y Atlanta '96, respectivamente, que nacieron en la Jamaica de Usain Bolt.