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El Brasil de un Ronaldinho más bien discreto y la Argentina de un Messi decisivo se miden mañana para seguir soñando con el oro en una semifinal con sabor a final, en el partido entre los partidos, el más atractivo, esperado, "caliente" y a la vez abierto y difícil de pronosticar del torneo olímpico.

El clásico sudamericano por excelencia, que incluye, por ende, una de las mayores rivalidades futbolísticas del planeta, llega antes de tiempo por caprichos del sorteo, en la antesala de su lugar natural, una final que hubiese colocado el colofón a un torneo al que las dos selecciones y sus dos máximas estrellas, Ronaldinho y Messi, Messi y Ronaldinho, han dado lustre y disparado su interés con su presencia.

El duelo se presume equilibrado a más no poder y el más mínimo detalle puede ser el que selle el pasaporte a una final en la que Argentina trataría de revalidar el oro obtenido en Atenas 2004 y Brasil lucharía por acabar con la "maldición de los Juegos", el principal objetivo que trajo a Dunga, Ronaldinho y compañía a Pekín, toda vez que el título olímpico es el único que no luce en las vitrinas de la pentacampeona mundial.

Ambos conjuntos han alcanzado las semifinales tras sumar cuatro victorias en otros tantos partidos, pero sin llegar a convencer con su juego.

Brasil mantiene su portería virgen, pero sólo ha tenido que disputar dos duelos serios, ante Bélgica en el arranque y Camerún en cuartos, a la que derrotó en la prórroga, y ha exhibido carencias a la hora de construir, algo a lo que ha contribuido un Ronaldinho secundario que sólo apareció en los paseos ante las limitadísimas Nueva Zelanda y China.

Sin embargo, el aspecto psicológico cuenta, y mucho, en duelos tan intensos y complicados como el de mañana, y a Dunga parece que le gusta medirse a Argentina, ya que Brasil ha empatado una vez ante la albiceleste y ganado otras dos, una de ellas, la final de la Copa América de Venezuela 2007, en la que nadie apostaba un duro por la "canarinha", con el técnico de Río Grande del Sur en el banquillo.

Los cuatro triunfos de Argentina ante Costa de Marfil, Australia, Serbia y Holanda, a la que también derrotó en cuartos en el tiempo suplementario, esconden, no obstante, un fútbol con altibajos en el que los goles y asistencias de Messi se han erigido en lo mejor de la albiceleste, pero también en lo más preocupante, por cuanto si Brasil consigue secar al de Rosario, la albiceleste lo pasará muy mal debido a la falta de alternativas.

El seleccionador argentino, Sergio Batista, confirmó hoy tras el último entrenamiento antes del duelo que Romero sustituirá en la portería a Ustari, lesionado de gravedad ante Holanda, y que el once inicial lo completarán Zabaleta, Garay, Pareja y Monzón en defensa, Mascherano, Gago, Di María y Riquelme en el centro del campo y Messi y Agüero en la delantera.

Por su parte, todo apunta a que Dunga repetirá la alineación que comenzó ante Camerún, por lo que Renan estaría bajo palos, Rafinha, Breno, Álex Silva y Marcelo en defensa, Hernanes, Lucas, Anderson, Diego y Ronaldinho en la medular y Sobis en punta.

Al vencedor del duelo, que se disputará en el Estadio de los Trabajadores de la capital china a partir de las 21.00 horas (13.00, hora GMT), luchará por el oro con el cartel de favorito el sábado en el flamante Estadio Olímpico de Pekín, "El Nido", ante el ganador de la otra semifinal, que enfrentará también mañana en Shangai a Nigeria y Bélgica.

Brasil y Argentina sólo se han enfrentado una vez en los Juegos Olímpicos, en Seúl 1988, cuando un gol de Geovani a quince minutos del final dio la victoria en cuartos por la mínima a la "canarinha" de Romario, Taffarel, Mazhino, Bebeto y Jorginho, presente en Pekín como segundo de Dunga.