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Ni Messi ni el Barsa pueden aburrir. Recuerdo una vez en Las Vegas, todos queríamos que la magia de David Cooperfield continuara por siempre, pero cayó el telón como ayer en Santander, con el Barsa imponiéndose 2-0 al Racing con goles de Messi, el primero entrando por el centro, como lo haría un viejo forward, deslizándose para cambiar de dirección y clavar un centro rasante de Cesc desde la derecha, quien fue habilitado por Xavi, y el otro, cobrando un penal cometido a Cesc, con sencillez, desarmando a Mario el arquero rematando hacia la derecha.

Messi pudo hacer más goles, pero fue frustrado por cierres oportunos y bloqueos precisos, aparte del tiro libre que le sacaron encima del horizontal. Llegó a 30 goles el argentino, dos menos que el líder Cristiano Ronaldo, ofreciendo otro espectáculo de destreza, zigzagueando, desbordando, combinando, desmarcándose, filtrándose, disparando.

Dos tiros en el travesaño, uno de Iniesta a los 22 minutos, con derecha, mostrando esa belleza que no necesita de maquillaje, y otro de Cuenca a los 60, culminando una jugada magistral en el área, impidieron que el Barsa, ampliara la diferencia mientras permanecía a 10 puntos de un Real Madrid que no flaquea.

Sin Piqué y sin Alexis, con Masherano como central en una línea de tres y Busquets adelantado con una doble misión, Iniesta y Xavi tan creativos y flexibles como siempre conectándose con Messi, el movimiento permanente y generador de peligro de Alves por la derecha, la presencia del chavalo Cuenca y el aporte de Pedro, el Barsa no atravesó por dificultades continuando su afilamiento para la Champions, no para la Liga que ha sido embotellada por el Madrid.

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