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Entre las columnas de humo hay un duende maniobrando con esa destreza que enloquece e inutiliza a los adversarios; aún de la grama tan bien cuidada, sus despegues y zigzagueos levantan polvaredas; su facilidad para desequilibrar entre las brasas es sencillamente asombrosa; su olfato y precisión para definir, es incomparable; su incidencia, siempre es mayúscula; este Lionel Messi es imparable.

Marcando tres goles, el increíble Messi impulsó al Barcelona ayer hacia una victoria por 5-3 sobre ese combativo Granada, que sacó provecho de dos penales cometidos por Danny Alves, para forzar un preocupante empate 2-2 y perder con un marcador decoroso por dos goles, un partido que el Barsa manejó mejor cuando ingresaron Iniesta y Tello por Thiago y Alexis.

Si tiene a Messi, el técnico Pep Guardiola cree tenerlo todo, pero pese a la indiscutida grandeza del genio, siempre se necesita algo más.

Se atrevió Pep a dejar en el banco a Busquets, Iniesta, Mascherano, Fábregas y Pedro, y con un gol de Xavi recibiendo de Messi, y otro de Messi, con el brillo acostumbrado, el Barsa se fue al descanso con ventaja de 2-0 y dejando la impresión de tener el partido en el bolsillo.

No fue así, el gol de Mainz a los 55, y el primer penal de Alves a los 62, derribando en el área a Benítez que se escapaba, ejecutado por Siqueira, fijó un empate quebrado por Messi a los 67, con el agregado de Tello a los 82, y la estocada de Messi a los 86, estableciendo un lapidario 5-2, le quitaron toda intriga al desenlace. Cuando Siqueira cobró el segundo penal cometido por Alves en el minuto 89, ya todo estaba escrito, y momentáneamente, el Barsa se acercó a cinco puntos del Real Madrid.

Superando a César como goleador histórico del Barsa al llegar a 234, y adelantándose a Cristiano en la Liga con 34, Messi registrando un triplete y brillando intensamente, se convirtió una vez más en el alma del partido.

dplay@ibw.com.ni