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Fue un largo recorrido el que hizo Erasmo Ramírez Olivera para llegar a Grandes Ligas y quedarse en los Marineros de Seattle. Emigró a estudiar y a jugar a El Salvador para ser firmado, luchó contra su pequeña estatura (5’11’’) y hasta llegó a tirar bala y después jabalina. Todo un símbolo de tenacidad es el rivense, que comenzó a jugar con bola de trapo empujado por su entusiasta abuelita, Esperanza Corea.

Quien diría que aquel niño que a sus cuatro años jugaba béisbol con bola de calcetín, se convertiría 18 años después en el duodécimo bigleguer nicaragüense, y orgullo de los rivenses.

Esas pelotas de calcetín con las que Erasmo Ramírez Olivera se introdujo en el mundo del béisbol eran elaboradas por su abuela materna Esperanza Corea Ulloa, quien organizaba ligas infantiles con bolas de calcetín en la calle principal del barrio Buena Vista, entonces de tierra.

Esta abuelita no solo le “presentó” a su nieto el béisbol. Pues “también ella le enseñó a agarrar y a batear a mi hijo”, explicó doña María Lourdes Olivera, quien fue sorprendida por EL NUEVO DIARIO, mientras se ejercitaba en el campo de béisbol del barrio Pedro Joaquín Chamorro de la ciudad de Rivas.

Según Olivera, tras conocer oficialmente por medio de Nemesio Porras, que Erasmo había quedado en el roster de los Marineros de Seattle, dio gracias a Dios por haberle hecho el sueño realidad a su hijo, “porque esta era su meta y la logró con disciplina y esfuerzo”, señaló.

Su brazo venció obstáculo de su estatura
De acuerdo a la madre del nuevo bigleaguer, una vez que su hijo entró al mundo del béisbol, juega sin parar desde los siete años, iniciando en la academia de béisbol que instaló en esos años Martha Isabel Barrios, pero detalla que a la vez se inmiscuyó junto a su hermana Jannys en la disciplina del atletismo.

Su paso por el atletismo, según Olivera, fue de gran ayuda para Erasmo en su carrera beisbolera, “ya que su instructor Roberto Delgadillo le enseñó técnicas para desplazarse en carreras de velocidad y en lanzamiento de bola y jabalina, donde comenzó a mostrar su potencia en su brazo”, detalló.

Aunque Erasmo adoraba jugar la tercera base o el campo corto, su habilidad en el béisbol estaba en la potencia de su brazo y eso se lo hizo saber el puertorriqueño, Moisés Santiago, quién conoció a Erasmo a los 13 años de edad, cuando llegó al estadio Yamil Ríos Ugarte a impartir clínicas de béisbol a la academia, según señaló Olivera.

Con el paso de los años Erasmo fue mostrando su potencial como lanzador de calidad en las diferentes categorías de ligas infantiles y juveniles y a sus 14 años llegó “el señor Santiago me recomendó que lo pusiera a jugar en una liga Mayor A y decía que su obstáculo para ser firmado era su estatura”, pero eso fue superado.

La madre del nuevo bigleaguer, detalló que en la niñez su hijo asimiló muy bien las orientaciones que le brindaron Jorge Talavera, Roberto Moraga, Manuel Martínez (QEPD), Porfirio Calderón y un cubano al cual solo identificó con el nombre de Carlos.