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“La patria, ¡qué demonios! Los negociantes no la tienen”, decía Dantón, y por supuesto, mucho menos respeto por los otros. Los dueños de los Marlins se preocupan por el negocio, y han colocado de rodillas al manager venezolano Ozzie Guillén, por decir que es admirador de Fidel, algo imperdonable para los cubanos que pueblan Miami y son compradores de boletos en el nuevo estadio enclavado en la llamada “Pequeña Habana”.

Si Guillén hubiese dicho eso como timonel de los Marineros en Seattle o de los Piratas en Pittsburgh, no pasaba nada, como cuando dijo ser “chavista” hasta la médula de sus huesos. ¡Ah!, pero en Miami, simpatizar con Fidel es delito, y un terremoto sacudió a los Marlins.

Casi, casi, les gritan: ¡La cabeza de Guillén o no vamos al parque! Menos mal que no hay ningún Robespierre en las altas esferas del equipo.

En Miami puedes hablar contra Fidel, no a favor. Que lujo se dio el Comisionado Selig autorizando y participando en la serie Orioles-Selección de Cuba en 1999 iniciada en La Habana. No fue declarado “non grato”, pese al inmenso operativo de seguridad nunca visto en Baltimore. Así que los Marlins obligaron a Guillén a colocarse de rodillas y decir que estaba arrepentido, de haber expresado lo que piensa.
Creer que eso acabará ahí, es un error. Guillén fue espontáneo en la entrevista a Time mostrándose de cuerpo entero, pero tuvo que actuar como Al Pacino en el Padrino uno, cuando su esposa Kay le pregunta sobre la matanza provocada: ¿Es verdad que tú la ordenaste?, y Micheal Corleone le responde: “No”, agregando, “no te vuelvas a meter en mis negocios”.

Cierto, Guillén que no es un niño ni es tonto, debió estar claro del terreno quebradizo que pisaba en Miami, y por prudencia no hubiera hablado como lo hizo. Así como Vargas Llosa me dijo aquí en una entrevista por TV que no veía nada admirable en Fidel, el manager Guillén piensa diferente, pero por el uniforme que viste y la ciudad en que se mueve, su silencio en ese aspecto, era lo más útil.

El pugilato con los cubanos de Miami va a continuar. Su terquedad supera el medio siglo esperando la salida de Fidel, y Guillén no aguantará tanto. Sin hacerle una oferta irresistible como las de Don Corleone, él terminará renunciando.

dplay@ibw.com.ni