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Precisamente cuando la angustia, ese componente esencial del suspenso, alcazaba su punto de ebullición, el Manchester City salió sorprendentemente de la fosa, y con el cabezazo de Dzeko y la maniobra con remate mortífero del Kun Agüero, le dio vuelta espectacularmente a la pizarra convirtiendo el 1-2 caótico, con el United coronándose en un 3-2 milagroso, que provocó incontables infartos, para tomar el trono del fútbol inglés por asalto.

El entrenador Mancini, cuya cabeza estaba por rodar, se tocó el cuello para comprobar que estaba intacto, que esos dos goles lo habían  hecho resucitar, y no solo eso, sino atrapar la gloria tan largo tiempo esquiva para el City, un equipo construido a billetazos para meterse entre los grandes de Europa. Esta conquista, sirve de amortiguador al doble fracaso sufrido en la Champions y en la Copa UEFA.

El United, vencedor del Sunderland con un gol de Wayne Rooney, fue el Campeón de la Premier por un rato, como lo era el Bayern en la Final de la Champions 1999, derrotando por un gol a aquel otro United, antes de aquel resurgimiento electrizante en un par de minutos, que dejaron al mundo con la boca abierta y los pelos de punta.

Con ojos y oídos en dos canchas, el United, empatado en puntos con el City, pero atrás en diferencia de goles, se fue arriba del Sunderland 1-0 con gol de Rooney, y casi de inmediato Zabaleta adelantó también al City 1-0 agitando las tribunas. Los goles del Queens Park Rangers de parte de Cissé y de Mackie, de cabeza, metieron al City en el pozo de las serpientes 1-2. Al ganar el United 1-0, permaneciendo el City en el hoyo, pese a disponer de un hombre más. Todo parecía escrito, sin embargo, en el alargue de cinco minutos, el gol de Dzeko estableció un empate 2-2, inservible para los celestes superados por puntos, pero útil para el florecimiento de la esperanza aún en ese momento extremo, finalmente materializada por Agüero con ese atrevimiento para maniobrar entrando al área y definir, qué hizo posible la proeza fijando el 3-2 de la resurrección.

Un gol de última hora provoca infartos, que terminó con una sequía de 44 años para el City, sin poder ganar el título en Inglaterra.