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¿Alguién vio a Kobe Bryant cuando el juego terminó? Imposible. Entre la montaña de escombros, su esfuerzo de 20 puntos y los 14 rebotes de Andrew Bynum, quedaron sepultados. La ofensiva del Thunder no dejó piedra sobre piedra construyendo una aplastante victoria por 119-90, que le permitió al violento equipo de Oklahoma, acostarse en una hamaca durante el último período ganado por los angelinos 22-21, con la multitud zambullida en un oleaje de agitación, como si la semifinal que apenas comienza, estuviera resuelta.

Mientras los Lakers quedaban ocultos debajo de esa desventaja impensable de 29 puntos, los Sixers de Filadelfia sobrevivieron a una erupción de los Celtics en el último cuarto, para imponerse por una nariz 82-81 y nivelar la semifinal 1-1, con Andre Iguodala convertido en la figura de la cancha, mientras el impulso de Garnett y Allen se diluía por Boston, con Pierce desaparecido.

El Thunder, con su pareja destructiva Durant y Westbrook marcando 25 y 27 puntos en una noche de rápido y plácido tránsito, como si se movilizaran en una autopista, atravesó los tres primeros cuartos al galope con ventajas 30-23, 29-21 y un alarmante 39-24, para entrar al cierre sin nada que discutir, excepto, que buscarían cómo hacer más humillante la derrota del equipo de Mike Brown.

Con su accionar a lo largo de la temporada recortada, Oklahoma fue proyectado como un posible finalista, pero ese respeto por los Lakers, y lo peligroso que lucen los Spurs de San Antonio, impedía ser tan categóricos. Con el apoyo decidido de ese superbloqueador que es Serge Ibaka, el congolés, y lo que ofrece James Harden, el equipo de Oklahama se muestra inmenso y será difícil neutralizarlo.

Al estar los Bulls fuera de combate, la final soñada del 2012, es Thunder-Heat, siempre y cuando no salte lo imprevisto como en la Champions.