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El sexto de la liga inglesa frente al sub del torneo alemán. ¿Son estos los dos mejores equipos del mundo? No, pero Chelsea y Bayern disputarán la final de la Champions 2012 hoy en el Allianz Arena de Munich, después de haber eliminado al Barcelona y el Real Madrid, a quienes casi todos queríamos ver, con la absoluta certeza de que le darían forma a la final soñada.

Todavía aturdidos por los recuerdos recientes, nos preguntamos: ¿cómo fue posible ese zapatazo de Mario Gómes a quemarropa, sobre el último latido del reloj, en el primer duelo Bayern-Madrid? ¿Y qué decir de los contragolpes fulminantes culminados con remates de brillantez cegadora por Drogba y Ramíres, decapitando al Barsa?

¡Qué importa que el actual campeón alemán, el Dortmund, haya desnudado al Bayern en el final de Copa casero, en contraste con la resonante victoria a base de agallas, lograda por el Chelsea sobre el Liverpool en el cierre de la Copa inglesa! Pese a eso, y quizás porque el Chelsea no podrá utilizar a Terry y Ramires, el Bayern, que es local, ha sido colocado como favorito.

La final que nadie soñó cuando quedaron definidas las semifinales, dispone, más allá de los “mordiscos” –siete hombres a ser reemplazados en los dos planteles- y de todo lo que puede discutirse, del picante y la intriga necesarias para interesar al planeta y detenerlo.

La bravura del Chelsea, reflejada en la determinación de Drogba, la firmeza de Lampard, las tenazas y los reflejos de Cech, esa destreza y dureza de Ashley Cole, la presencia de Mata y el retorno de David Luiz, está comprobada; lo mismo que la pujanza ofensiva del Bayern con Gómes en punta, Ribery y Robben avanzando por los costados, Schaweinsteiger como soporte junto con el dinámico e infatigable Kroos en el medio, y Lahm mordiendo y proyectándose.

Muertos el Madrid y el Barsa, todos queremos disfrutar de un juego vibrante, abierto, expuesto a ser dinamitado, sin amontonamientos que agobian y oscurecen. Cierto, lo esencial es ganar por encima de garantizar el show, pero con todas las miradas en Munich, tanto DiMateo como Heynckes, deberían atreverse a tratar de magnificar el fútbol.

dplay@ibw.com.ni