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Por lo visto Lebron James y Dwyane Wade no bastan para sujetar a los galvanizados Celtics de Boston. Hay alarma en el campamento del Heat después de perder los juegos 2 y 3, el primero por un raro congelamiento, y el otro por la desnudez mostrada en la primera mitad, que obligó a un recio contragolpeo para forzar ese empate 89-89, finalmente inútil.

Con la serie 2-2 y LeBrón tratando de mantenerse oculto, distante del periodismo, calentando solo para no ser visto en la cancha antes del silbato, y sintiéndose presionado, el Heat necesita urgentemente la reaparición de Chris Bosh, su tercer grande. Lamentablemente, Chalmers y Haslem no han podido crecer cargando mayores responsabilidades como lo hizo Serge Ibaka del Thunder en el juego 4 correspondiente a la final del Oeste.

El domingo, precisamente cuando la disputa debajo de los tableros era más humeante, Petrius y Garnett se agigantaron, y por el Heat, ni Wade siempre presente en esas batallas pudo intervenir. Es en ese aspecto que Bosh adquiere mayor importancia, agregando su eficiente colaboración para que LeBron y Wade dispongan de espacios más amplios para rotaciones y proyecciones.

Regresando la serie a Miami, los Celtics, con Rajon Rondo tan inspirado como Goya frente al lienzo, han exhibido un funcionamiento colectivo estupendo. Con 15 puntos y 15 asistencias, más un liderazgo en la cancha que establecía desequilibrio, Rondo ha sido el más útil de los Celtics, pese a la pujanza de Pierce y la incidencia de Garnett.

El repunte del Heat en el juego 4, con la posibilidad de matar teniendo Wade la pelota en el último instante del tiempo regular, y luego las dos fallas de James en el alargue, le permitieron al equipo de Boston, nivelar la serie y revestir de intenso dramatismo el duelo de esta noche.