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Con un accionar ágil, decidido y efectivo, Timothy Bradley hizo valer su advertencia de sacudir el boxeo, imponiéndose por decisión dividida al filipino Manny Pacquiao, en una pelea muy cerrada, cuyo resultado quedó abierto a las más encendidas discusiones.

Juan Manuel Márquez, desde su butaca como analista de ESPN, concedió a Pacquiao los seis primeros asaltos y los dos últimos, considerándolo vencedor por cuatro puntos.

Pacquiao no pudo establecerse frente a un adversario que en cualquier distancia, siempre ofreció respuesta, que aplicó la agresividad necesaria para mantener preocupado al filipino haciéndolo fallar sus swings largos, contragolpeando con precisión, y absorbiendo impactos de poder, para regresar con vitalidad.

Bradley propuso una geometría complicada a Pacquiao, quien en los primeros seis asaltos, trató de cerrar fuerte, lográndolo, pero fue perdiendo ritmo, quedándose a ratos, aún en el centro del ring, la zona en que mejor despliega su boxeo.

Cuando necesitó ser un diablo, Bradley lo fue, y su efectividad revestida de una frialdad extraña frente a un tigre como Pacquiao, le empujó hacia su más resplandeciente victoria conservando su invicto.

Apretado, pero legítimo el triunfo de Bradley, nuevo campeón peso welter de la Organización Mundial de Boxeo (OMB).

dplay@ibw.com.ni